Por eso tomó una decisión que hoy considera un acierto: alejarse del centro y vivir en el monte. Ser uno de los cocineros más queridos del país tiene muchas alegrías, aunque igualmente complica algo tan sencillo como salir a dar un paseo sin que nadie te pare por el camino. El cocinero Karlos Arguiñano conoce bien esa cara de la popularidad: lleva décadas entrando en las casas a través de la televisión y sabe que el cariño del público forma parte de la historia de su carrera.

Lo esencial, en breve

  • Y ahí aparece una de las decisiones que, vista con la perspectiva de los años, considera especialmente acertada, que no es otra que haberse ido a vivir al monte: " Como son tantos años, pues hice muy bien en irme a vivir al monte.
  • En lugar de andar por ahí, yo he sido muy callejero, pero ahora aquí sí puedo andar por la calle.
  • Arguiñano nunca ha renegado de la notoriedad ni del cariño que recibe, más bien al contrario.
  • De hecho, insiste en que sin esa gente que durante años ha visto sus programas y ha confiado en él, su trayectoria habría sido completamente diferente.
  • Sin ese público, probablemente no existirían ni el restaurante que lleva su apellido, ni su escuela de cocina, ni buena parte de los proyectos empresariales que ha desarrollado alrededor de la gastronomía: " Si toda esa gente no me hubiese.
  • Su triunfo, por tanto, tiene para él una deuda evidente con el público.

El contexto

La misma gente que le ha permitido construir una carrera extraordinaria es a la par la que, paradójicamente, hace más difícil que pueda pasar desapercibido. La situación se vuelve especialmente evidente cuando viaja. El reconocido chef contaba que incluso durante los vuelos acaba teniendo contacto directo con los pilotos y con miembros de la tripulación.

En alguna ocasión, incluso le han invitado a entrar en la cabina. Y lo que sucede entonces vuelve a demostrar hasta qué punto su personaje televisivo ha trascendido la pantalla: " Con todos hablamos de pelota o de cocina ". Pero las conversaciones no se quedan ahí.

Los profesionales que se encuentra durante sus viajes terminan hablándole a la par de sus propias familias: de sus madres, sus parejas, sus hijos y de cómo es su vida. Su relación con su público nunca se ha construido únicamente desde la cocina. Su manera de hablar, sus bromas, sus canciones improvisadas y su forma de comentar la actualidad han hecho que para muchos de nosotros sea casi un miembro más de la familia que aparece en nuestra tele a la hora de comer.

La nota completa

Precisamente por esa razón igualmente consideraba que tiene una responsabilidad especial cuando utiliza esa popularidad para decir algo. En la entrevista explicaba que suele poder hablar de determinados asuntos sin que sus comentarios terminen convirtiéndose en grandes polémicas. La razón, según su propia interpretación, es que no siente que diga nada especialmente diferente de lo que podría decir cualquier persona en su casa: " No digo nada que no diga nadie en su casa ", le terminó diciendo al conductor, Mikel Idoate. Gustavo es experto en temas de actualidad, entretenimiento y tecnología con una trayectoria que abarca más de 20 años de experiencia en medios digitales. Se define a sí mismo como un “periodista todoterreno”, capaz de escribir de cualquier cosa que se le proponga. Ha colaborado en diferentes webs del grupo Hearst, como Diez Minutos o Elle, pero es en Esquire.

«Hice muy bien en irme a vivir al monte. Aquí sí puedo andar por la calle»