Carlos Alvarez Cuando pensamos en la casa de Karlos Arguiñano es fácil que imaginemos una mesa llena de elaboraciones sofisticadas, técnicas de alta cocina y recetas reservadas para ocasiones especiales. Pero resulta que la realidad es mucho más mundana y sencilla, según cuenta su hijo Joseba Arguiñano. Según contó hace un tiempo, en el hogar del mediático cocinero vasco no predominan los platos complejos, sino la cocina tradicional que podríamos encontrar en una casa de cualquiera de nosotros.
Puntos clave
- Durante una entrevista en La Ventana, de la Cadena SER, el a la par cocinero y conductor de 41 años habló de su infancia, de cómo ha vivido la enorme popularidad de su padre y de la filosofía culinaria que siempre ha marcado a la familia.
- Y todo se puede resumir en una forma de cocinar basada en el producto, la sencillez y esas deliciosas recetas que pasan de generación en generación como una herencia inmaterial que no tiene precio.
- Aunque actualmente ambos son rostros habituales de la televisión, Joseba afirmó durante la charla con Carles Francino que nunca vivieron la notoriedad de Karlos Arguiñano como algo extraordinario: " Desde que tengo uso de razón le conozco.
- Nosotros lo hemos vivido con total naturalidad, como si tu padre fuera albañil o trabajara en cualquier otra profesión.
- Cuando Francino le preguntó sobre cómo son realmente las comidas familiares, Joseba desmontó la idea de que en la casa familiar se preparen platos elaborados todos los días: " La cocina de mi aita es la cocina del hogar y es la comida.
- Para él, esa es precisamente la esencia de la cocina que durante décadas ha defendido Karlos Arguiñano tanto en sus programas de televisión como en sus libros: recetas accesibles, pensadas para el día a día y elaboradas con ingredientes.
Los antecedentes
Aunque les pudiera parecer lo contrario, todo eso no significa renunciar a la creatividad. De hecho, Joseba respaldó que no hace falta complicarse demasiado para convertir una comida cotidiana en algo especial. Como ejemplo puso unas simples pechugas a la plancha o unos langostinos: " Si haces un alioli de ajo negro, ya le has dado un toque especial a ese día.
Para él, la clave está en introducir pequeños cambios sin perder de vista la sencillez de la receta, y su filosofía podría resumirse en una idea muy clara: buen producto, elaboraciones simples y algún detalle que sorprenda sin complicar la cocina. Durante la entrevista igualmente tomó parte su tía, Eva Arguiñano, con quien Joseba ha compartido buena parte de su formación culinaria. El cocinero rememoró que siempre han vivido " como una manada ", rodeados de hermanos, primos y tíos.
De hecho, reconoce que Eva tuvo un papel muy importante cuando empezó a trabajar en el negocio familiar. Mientras su padre estaba centrado en sus programas de televisión, ella continuaba al frente de la parte de repostería y fue una de las personas con las que más aprendió durante aquellos años. Como ocurre en muchas familias, basta una receta para despertar los mejores recuerdos.
Todo lo que se ha revelado
Cuando le preguntaron al quinto hijo de Karlos y Luisi sobre qué plato le transporta directamente a su infancia, Joseba no dudó ni un segundo: " Los huevos rotos que hacía mi ama para cenar". Además, rememoró cómo preparaba una enorme fuente de patatas con mucha cebolla pochada y después añadía una buena cantidad de huevos para que todos los hermanos (son siete en conjunto) comieran del mismo plato. A veces nos basta un puchero, unos huevos con patatas o un buen rebozado para construir esos recuerdos que permanecen toda la vida con nosotros. No hay por qué complicarse más. Gustavo es experto en temas de actualidad, entretenimiento y tecnología con una trayectoria que abarca más de 20 años de experiencia en medios digitales. Se define a sí mismo como un “periodista todoterreno”, capaz de escribir de cualquier cosa que se le proponga. Ha colaborado en diferentes webs del grupo Hearst.
«La cocina de mi aita es la cocina del hogar y es la comida que comemos en casa: puchero, rebozados, empanados, con salsa de tomate...»

