Sus hijas han elegido caminos alejados de los restaurantes. NOELIA JGPECELLIN A un chef de la notoriedad y prestigio de Dani García, que lleva media vida trabajando en las cocinas, no le cuesta admitir que esa vida tiene un precio. Así lo precisó en una entrevista con Jaime Cantizano en Onda Cero, en un momento de la conversación que se alejó de los platos y de los restaurantes para hablar de algo mucho más personal: lo que quiere para sus hijas, a las que ha dejado claro que no quiere ver dedicándose a la cocina.

Lo esencial, en breve

  • La frase llegó sin excesivos ambages, y García la sostuvo con su propia experiencia, ya que reconoció que sus hijas vivieron durante su crecimiento la poca atención que él pudo darles.
  • De hecho, es consciente de lo que implica decirlo en voz alta afirmando " suena fuerte pero es real", pero prefiere ser claro a quedar bien.
  • Enseguida puso el matiz que le importa, ya que le afirmó a Cantizano que siempre ha estado " súper pendiente y súper pegado a ellas" y que, para él, son " lo máximo.
  • Es decir, que la ausencia no era falta de cariño, sino consecuencia de un oficio que se come el tiempo de quien lo ejerce.
  • Las dos han seguido rutas que poco tienen que ver con la de su padre.
  • La mayor estudió moda en Londres y ahora trabaja en ese sector en Dubái.

El contexto

La pequeña, que a la par pasó dos años en Londres, está ahora en Boston, donde estudia Business Analytics, una carrera que, según el propio chef, " no tiene nada que ver con lo mío". Cuando habló de sus decisiones, no transmitió ni rastro de frustración. Al contrario, su valoración fue muy tajante: " Creo que hacen bien.

De ahí saltó a una reflexión más amplia, afirmando el cocinero marbellí que el suyo " es un mundo que tiene que ir cambiando para hacerla un poco más confortable al trabajador". Y dejó claro que no habla solo de las cocinas de alta categoría, ya que cree que es algo que se tiene que aplicar a " todo el mundo que trabaja en un restaurante o en un hotel". El chef puso ejemplos que cualquiera que haya pisado un local de hostelería reconoce enseguida.

Según contó, " está muy asumido que tienes que trabajar un sábado o un domingo, un 31 de diciembre o un 1 de enero, un 24 o un 25, y todo el verano ". Para el resto, son los días en que nos reunimos con nuestra familia y amigos, y es precisamente cuando una sala llena exige que haya otras personas bien preparadas detrás de la barra o en la cocina para que todo funcione. Sinceramente, lo que me parece más interesante es el tono de sus afirmaciones.

La nota completa

No suena a queja de alguien que acaba de llegar, sino a la experiencia de alguien que lleva muchos años dentro del mundo de restauración y ha tenido tiempo de ver lo que cuesta. García tampoco habló sobre una imagen sombría del oficio, ya que reconoció que tiene " ese punto adictivo de un cocinero de hacer feliz a la gente con tus manos de una manera muy directa". Pero acabó cerrando esa reflexión con el contrapeso, y lo hizo con una palabra fuerte, ya que en su opinión hay otra parte que " es muy cruel a nivel personal". Ahí está resumida la contradicción de una profesión que da mucho y quita bastante, y que él, como padre, no quiere para sus hijas. Gustavo es experto en temas de actualidad, entretenimiento y tecnología con una trayectoria que abarca más de 20 años de experiencia en medios digitales. Se define a sí mismo como un “periodista todoterreno”, capaz de escribir de cualquier.

«Es un mundo que tiene que ir cambiando para hacerla un poco más confortable al trabajador»