Detrás de él pasaron igualmente tres turistas entrometidos: mis dos amigos y yo. El padre saludó a la bibliotecaria y, mientras abría una mochila que llevaba colgada del hombro, le dijo que habían ido hasta allí para devolver tres cuentos. Creía que estaban en el día límite para la devolución.

Los hechos principales

  • Cuando la bibliotecaria se lo confirmó -alegría, palmas-, el padre sacó del carro a una niña de poco más de un año y se pusieron manos a la obra para buscar otros tres cuentos.
  • Hace unos días, mi hermana Adri me habló de Biblioteca pública, de Ali Smith, un libro que mezcla relatos breves con fragmentos autobiográficos de otras personas en los que explican lo que las bibliotecas públicas han significado.
  • La intérprete y cineasta Sarah Wood, por ejemplo, escribe: “Teníamos ocho o nueve años e íbamos casi todos los días.
  • Sacábamos nuestros libros, volvíamos en bici a casa y los leíamos en el jardín de una sentada.
  • Aquello nos daba una sensación de independencia, claro [...].
  • Dejábamos las bicis tiradas en la puerta de la biblioteca: lo recuerdo como una parte de aquello, y igualmente que no teníamos dinero, pero tampoco nos hacía falta: aquí la transacción era algo muy distinto”.

Marco de la historia

Adri y yo hemos sido socios desde niños de un montón de bibliotecas, tanto en la ciudad en la que vivíamos como en las de los pueblos donde pasábamos los veranos. Ella ahora ha hecho lo mismo con mi sobrina de tres años. Adri es muy activa en cuanto a sugerencias de libros.

Esta semana, la Biblioteca Municipal de Monte Alto, en A Coruña, le informó de que su última petición ( Pajaritos preñados, de Andrea Abreu) ya estaba disponible en el catálogo. Además, le agradecieron su contribución a la línea. Así podo ler novidades gratis, entre o que me prestas ti e a biblio ”, me dijo, y añadió el emoji del diablillo.

Le pregunté por otros libros que hubiera pedido últimamente. Al final me lo regalaron por mi cumpleaños, pero cuando me avisaron de la biblioteca, lo fui a coger igual porque me daba pena”. Los libros forman parte de nuestra biografía: nos recuerdan quiénes éramos cuando los leímos o quién nos los recomendó.

Detalles adicionales

Las bibliotecas son lugares donde se cruzan esas biografías, donde cualquiera puede entrar, permanecer fresco o calentito y acceder a la cultura sin tener que consumir, una idea casi subversiva en un tiempo en el que tantos espacios culturales dependen de la rentabilidad para sobrevivir. El día 24 de octubre se realiza el Día de las Bibliotecas. El lema de este año, “Sin profesionales no hay bibliotecas”, cambia el foco habitual: no se trata solo de celebrar los libros, sino de recordar a quienes los eligen, los ordenan, los recomiendan y sostienen la puerta abierta para que cualquiera -turistas entrometidos incluidos- pueda cruzarla. Al comprobar que en la planta baja de la Biblioteca del Albaicín solo había literatura infantil, mis amigos y yo subimos al primer piso. Allí nos pusimos a curiosear los libros durante un buen rato. En las mesas había una chica tecleando en un Mac. Tal vez.

«Nos convertimos en lectores dentro de las bibliotecas y gracias a las bibliotecas»