La casa tiene 94 metros cuadrados interiores y otros 11 de terraza, una superficie que el estudio barcelonés, dirigido por Joan Llongueras y Jordi Mercè, ha reorganizado para dar cabida a las obras de sus propietarios y a una forma de utilizar los espacios bastante alejada de las distribuciones convencionales. Los cuadros comparten protagonismo con la arquitectura, mientras los muebles diseñados a medida permiten que algunas estancias cambien de función según las necesidades. En el salón hay dos sofás enfrentados, dos arcos de ladrillo pintados de blanco, una chimenea encastrada y una mesa baja de madera oscura.
Los datos duros del caso
- Heidi Cavazos Arcos de ladrillo pintados en blanco en el salón.
- La vivienda presenta la típica distribución alargada que no puede renunciar al pasillo, pero lejos de ser un problema, Coblonal ha transformado ese espacio, de forma que quien lo recorre encuentra cuadros de distintas épocas y estilos.
- La línea reúne pinturas y obras sobre papel, algunas de gran formato, que aparecen igualmente en el dormitorio y en el salón.
- Coblonal ha aprovechado esta variedad para plantear una decoración que admite piezas muy diferentes, con paredes de blanco crudo y superficies que conservan la textura de los materiales.
- El estudio explica que "quería alejarse del blanco completamente liso, habitual en muchas galerías, y trabajar con acabados capaces de aportar carácter a las habitaciones.
- Por eso las paredes están pintadas a la cal con árido, que proporciona una superficie ligeramente irregular y matices que cambian con la iluminación.
Para entender la historia
La madera de roble natural introduce tonos cálidos, mientras el ladrillo repicado y la cerámica artesanal incorporan una dimensión más arquitectónica a la decoración. Dos grandes pinturas de figuras femeninas presiden el salón, donde sus tonos ocres contrastan con la tapicería clara de los sofás. La línea acompaña así la vida de los propietarios, que pueden disfrutar de sus cuadros favoritos mientras leen en el sofá o recorren la casa.
Dos figuras femeninas en el salón. Heidi Cavazos Sobre uno de los sofás cuelgan dos grandes pinturas de figuras humanas y, al fondo, una librería ocupa prácticamente toda la pared Heidi Cavazos Una pared de carga que acabó dando mucho juego Durante la reforma, Coblonal tuvo que mantener el muro estructural que separaba la cocina-comedor del salón. La imposibilidad de eliminarlo llevó al estudio a diseñar una pieza de obra revestida con cerámica artesanal de dos tonalidades, que recorre parte de la zona de estar y sigue al otro lado de la pared.
En el salón, este elemento forma una bancada sobre la que pueden apoyarse objetos decorativos y pequeñas obras de arte. También acompaña a la chimenea, instalada bajo un volumen blanco suspendido que contrasta con la textura del revestimiento cerámico. La chimenea es alargada y queda a la altura de los asientos, de manera que su presencia forma parte del mobiliario que organiza la estancia.
Elementos adicionales
La bancada continua en la zona del salón separada por los arcos de ladrillo blanco. Heidi Cavazos La librería ocupa el fondo de la estancia, con baldas blancas en la parte superior y armarios de madera oscura debajo. Los libros están distribuidos a lo largo de los estantes y comparten espacio con pequeños objetos decorativos. La ausencia de televisión permite que esta pared se dedique por completo a la biblioteca, mientras los sofás, colocados uno frente al otro, recuperan una disposición más propia de los salones tradicionales. Una mesa negra contrasta en el salón. Heidi Cavazos La cocina tiene una vocación discreta Y como todo en esta casa parece no cumplir con los estereotipos habituales, la cocina no iba a ser menos, y tiene un tratamiento bastante diferente al que encontramos en muchas reformas actuales, donde suele ocupar una posición destacada dentro de la zona de día. Coblonal.
«quería alejarse del blanco completamente liso, habitual en muchas galerías, y trabajar con acabados capaces de aportar carácter a las habitaciones»

