A Chaves se llega siguiendo el curso del río Támega, en la región de Trás-os-Montes. En época romana se llamó Aquae Flaviae, en referencia a sus aguas minerales, que brotan del suelo a unos 73 °C, según explica la oficina de turismo de Portugal -aunque The Guardian cifra su temperatura en 76 °C. El dato, en cualquier caso, da una idea de un manantial que lleva siglos marcando la vida de la ciudad.

Lo que se sabe hasta ahora

  • La recomendación del diario británico pone el foco en las termas, pero Chaves merece igualmente un paseo mucho más completo por el municipio.
  • Porque su centro inédito conserva su hitoria y ese aire de ciudad fronteriza, con plazas, iglesias y calles singulares que ascienden hacia la torre del homenaje, uno de sus imprescindibles.
  • Y a orillas del río encuentas el puente de Trajano -levantado entre finales del siglo I y comienzos del II- que sigue impertérrito y vigilante, y rememora la importancia que tuvo este enclave en los grandiosos tiempos de Roma.
  • La historia de las termas de Chaves se descubrió por accidente durante las excavaciones para construir un aparcamiento subterráneo.
  • El complejo había quedado sepultado tras un terremoto en el siglo IV, un derrumbe que preservó de forma magnífica sus piscinas así como otras estructuras de la época, manteniéndolas ocultas durante siglos.
  • Hoy se pueden visitar, en el Museu Termas Romanas de Chaves, que asimismo cuentan con entrada gratuita.

En detalle

La visita permite asomarse a un balneario monumental que arribó a funcionar con un sistema hidráulico aún reconocible en las ruinas. Hay paneles, piezas arqueológicas y recursos interactivos para entender cómo se organizaba el espacio y cómo se aprovechaban las aguas. Conviene consultar el horario antes de ir: el museo cierra los lunes.

Para probar hoy las aguas termales de Chaves, la opción ideal es la de Aquae Salutem, que ofrece un circuito al aire libre con piscinas hidrodinámicas, sauna, baño turco y duchas sensoriales. Las piscinas mantienen el agua entre 30 y 36 °C, por lo que es de lo más agradable y relajante. El circuito ofrece sesiones de 60 o 90 minutos y el acceso está permitido a partir de los 14 años, acompañados por un adulto.

La experiencia tiene algo especialmente atractivo en los meses fríos: bañarse al aire libre mientras el vapor se eleva sobre el agua y te mantiene el cuerpo bien calentito. Para organizar la visita, mejor reservar y comprobar antes los horarios y la disponibilidad, que pueden variar según la temporada. Después de las termas, un buen plan es recorrer el centro de la localidad a pie.

La historia en profundidad

Hay que pasar por el puente romano que cruza el Támega y conduce de vuelta hacia las calles antiguas; la torre del castillo ofrece una buena panorámica de los tejados y del paisaje transmontano. Cerca queda la Praça de Camões, uno de los lugares más agradables para detenerse un rato, entre la iglesia de Santa María Maior y la de la Misericordia. Como en toda ciudad, la parte gastronómica a la par tiene un lugar destacado en su ofert, y en este caso el bocado indispensable que hay que probar es El Pastel de Chaves. Se trata de un delicioso hojaldre fino y crujiente, relleno de carne de ternera. Es un pastel de carne de estilo tradicional, pero con su toque. La historia de esta receta nace en 1862, y hoy cuenta con indicación geográfica protegida. También conviene dejar sitio para otros productos locales como el presunto, los embutidos y el folar, sabores de una cocina transmontana hecha.

«Son un puñado de edificios del siglo XIX dispuestos en torno a una plaza»