Su diseño, popularizado por la firma danesa de patrones de punto PetiteKnit, es sencillo, delicado y con ese aspecto ligeramente imperfecto que asociamos a las prendas confeccionadas a mano. Se lleva con abrigos de lana, jerséis de cuello redondo, camisas masculinas e incluso camisetas básicas, añadiendo una nota de color o textura sin necesidad de recurrir a grandes complementos. Una alternativa a las bufandas voluminosas que, asimismo de resultar especialmente favorecedora, parece haber despertado un interés inesperado por aprender a tejer.
Lo esencial, en breve
- Nos rememora a los accesorios que nuestras madres y abuelas confeccionaban durante las tardes de invierno, a las cajas llenas de ovillos de colores y a esa costumbre de guardar las prendas durante años porque alguien había dedicado.
- Frente a la rapidez con la que hoy incorporamos nuevas corrientes a nuestros armarios, la Sophie Scarf recupera una relación mucho más pausada con la ropa.
- Una en la que conocemos el proceso que hay detrás de una prenda, elegimos cuidadosamente su color y valoramos cada pequeño detalle.
- Puede que no todas tengamos la paciencia necesaria para confeccionar un jersey entero, pero una bufanda de dimensiones reducidas parece un punto de partida bastante más asumible.
- O, no hace falta crearla una misma, sino esperar, dar tiempo, cuidar la elección y, en definitiva, dar el amor que merece a una prenda que te cuida y te acompaña cuando el exterior no lo hace tanto.
- Vivimos acostumbradas a que todo suceda de manera inmediata.
El contexto
Compramos desde el móvil, recibimos paquetes en cuestión de horas, consumimos vídeos de apenas unos segundos y saltamos de una corriente a otra antes de haber tenido tiempo de disfrutar de la anterior. Incluso nuestros momentos de descanso suelen estar acompañados de una pantalla, de un libro o de una lista de tareas y de esa sensación de que siempre deberíamos estar haciendo algo más. Por eso, a la humilde servidora que escribe estas palabras no le resulta tan extraño que actividades como tejer, bordar o hacer cerámica le hayan despertando un interés cautivador.
Son pasatiempos que requieren concentración, paciencia y una disposición poco habitual en nuestro día a día a aceptar que algunas cosas necesitan tiempo y que no podemos acelerar todos los procesos. Tejer una Sophie Scarf implica elegir la lana, aprender los puntos, equivocarse, deshacer alguna vuelta y volver a empezar. No hay resultados inmediatos ni atajos milagrosos, tampoco envío express pero sí pequeños avances que terminan dando forma a una pieza única.
Además, el trabajo manual introduce una relación distinta con el tiempo libre. Podemos tejer mientras escuchamos música, durante una tarde tranquila en casa o acompañadas de alguien que nos enseñe los primeros pasos y, por una vez, nuestras manos están ocupadas en algo que no requiere deslizar el dedo por una pantalla. Por supuesto, no es necesario aprender a tejer para sumarse a la corriente.
La nota completa
Su silueta funciona igual de bien con una cazadora de cuero que con un abrigo clásico y puede anudarse con una pequeña lazada, dejarse caer sobre el pecho o llevarse más ajustada al cuello. Su versatilidad explica buena parte de su atractivo ya que ocupa poco espacio y permite experimentar con el color sin comprometer todo el estilismo. Pero conocer su origen artesanal añade otra dimensión a la pieza. Tal vez la próxima vez que, querida lectora, visites a tu abuela termines pidiéndole una Sophie scarf o cuando cierres esta pestaña vayas en búsqueda de las más bonitas ya disponibles online. Bandana de lana y cachemir para anudar, de Sandro Paris Pañuelo triangular con perforaciones, de Parfois Pañuelo triangular con bordes de encaje, de Parfois.

