Pero su historia más curiosa ocurrió en 1932, cuando Federico García Lorca llegó con La Barraca. Pepo Paz Saz A unos 25 kilómetros de Oviedo, Grado es un pequeño pueblo del interior del Principado en el que brilla la piedra y ofrece mucho más que una buena dosis de encanto y buenas vistas: tiene historia, un mercado para disfrutar y una anécdota de esas que se recuerdan mejor alrededor de una mesa. En septiembre de 1932, La Barraca, la compañía teatral de Federico García Lorca, llegó hasta aquí para representar tres entremeses de Cervantes al aire libre.

Los hechos principales

  • La plaza se llenó y, al terminar la función, el poeta se fue de sidrería con el escritor Valentín Andrés Álvarez.
  • Se quedaron charlando hasta las cuatro de la mañana.
  • No hace falta exagerar el flechazo: aquella noche debió de dar para mucho, ¿o no?
  • Esta singualar historia protagonizasda por uno de los poetas españoles más universales ocurrió en la plaza Ponte, hoy corazón de un casco inédito que merece la pena pasear improvisando, sin un itinerario cerrado.
  • Eso sí, entre las cosas que no te puedes perder está la muralla medieval, la Capilla de los Dolores y el Palacio Miranda-Valdecarzana, junto a diversas casonas indianas y edificios de distintas épocas.
  • Grado enamora al primer vistazo porque todavía conserva ese aire de villa con mucha vida, hecha para caminarla y detenerse a observar y reflexionar en muchos rincones, que son irresistibles para inmortalizar con la cámara de fotos.

Marco de la historia

También merece la pena visitar el Museo Etnográfico y de Historia. Sus líneas recorren la cultura rural de la comarca y la historia del comercio local; es una visita que pone contexto a lo que luego se encuentra en los puestos y en las animadas conversaciones de la plaza. Saben muy bien quiénes son, de donde vienen y respetan y agradecen sus raíces y su historia.

De igual forma, si tienes tiempo y el cuerpo te pide más aire, puedes salir del casco urbano y "perderte" por sus caminos entre huertas y bosques. Te recomendamos que hagas la ruta que lleva a las cascadas de Buanga. También se puede seguir el rastro del antiguo Camín Real de la Mesa, otra de las vías inéditas que atraviesan este territorio.

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