Roser Gort, psicóloga y autora del El sueño lo cura todo (Ed. Bruguera), explica, de entrada, que dormir mal es un fenómeno complejo en el que intervienen nuestros hábitos, a la par nuestros p ensamientos, emociones y circunstancias personales. Uno de los errores más habituales es pensar que podemos controlar el sueño a voluntad.

Claves de la historia

  • Nos acostamos, cerramos los ojos y esperamos dormirnos.
  • Pero descansar no funciona como un interruptor que podamos encender y apagar cuando queramos.
  • Como explica Gort, "el sueño no depende de una sola molécula ni de una hormona concreta.
  • No funciona como una receta de cocina con ingredientes medibles.
  • Por eso, cuando dormimos mal, no siempre existe una única causa.
  • El estrés, las preocupaciones, los horarios irregulares o la presión que nos imponemos para descansar pueden influir en nuestra capacidad para conciliar el sueño.

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Y las consecuencias van mucho más allá del cansancio. La autora advierte: "Dormir mal no solo te agota, te vuelve menos lúcida, menos paciente, menos capaz de pensar y de conectar con los demás". Como decíamos, son muchas las causas que nos pueden hacer dormir mal.

La rumiación mental, por ejemplo, esa corriente a analizar una y otra vez los problemas, anticipar situaciones negativas o buscar soluciones a cuestiones que nos preocupan, puede prolongar esa activación. El problema es que la cama acaba convirtiéndose en el lugar donde intentamos resolver todo aquello que no hemos podido gestionar durante el día. Y, cuando esto se repite noche tras noche, puede establecerse una asociación entre acostarse y permanecer despierto que contribuye a mantener el insomnio.

Y, a veces, todo comienza con una mala noche. Al día siguiente estamos cansadas y nos preocupa que vuelva a suceder. Cuando llega la hora de acostarnos, empezamos a calcular cuánto tiempo nos queda para dormir.

El desarrollo de la historia

Así se establece un círculo difícil de romper. La preocupación por no descansar aumenta nuestro estado de alerta, precisamente lo contrario de lo que necesitamos para conciliar el sueño. Otro de los aspectos que resalta la experta es que las pastillas no siempre solucionan el problema. Es más, insiste en que "dormir sedado no debería convertirse en un tratamiento indefinido".Eso sí, esto no significa que los fármacos no puedan ser útiles en determinadas circunstancias, sino que su utilización debe estar supervisada por un profesional. Una de las alternativas recomendadas para el insomnio crónico es la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I), que ayuda a modificar los pensamientos y comportamientos que perpetúan las dificultades para dormir. Recuperar el sueño no consiste en imponerse una lista interminable de normas ni en intentar cambiar todos nuestros hábitos de un día.

«Dormir mal no solo te agota, te vuelve menos lúcida, menos paciente, menos capaz de pensar y de conectar con los demás»