Estaban convencidos de que hacían buena pareja y no dejaban de enseñarles fotografías del uno al otro. Hasta que, una tarde de mayo, él la reconoció cuando iba subida en una calesa. Más tarde coincidieron en una caseta y, entre rebujitos y bailes, comenzó una historia de amor que les llevaría a darse el 'sí, quiero' el 11 de julio de 2026, en Málaga.

Puntos clave

  • La ciudad andaluza tenía un significado especial para la novia, que nació y creció allí, aunque sus ocho apellidos y sus raíces familiares son cordobesas.
  • Iñigo, por su parte, es de Pamplona y mantiene un estrecho vínculo con San Sebastián.
  • Ambos viven actualmente en Madrid, pero para celebrar su matrimonio decidieron regresar al sur.
  • La verdad es que la prioridad de Iñigo era que estuviese cómoda y me sintiese en casa", explica nuestra protagonista.
  • La ceremonia religiosa tuvo lugar en la iglesia del Corpus Christi, en Pedregalejo, muy cerca del mar, mientras que para la festividad eligieron el Cortijo Curiel, una finca rodeada de pinares y olivos centenarios en la sierra de Málaga.
  • Un escenario que les permitía disfrutar de una matrimonio al aire libre, con una decoración romántica y numerosos guiños a las raíces de ambos.

Los antecedentes

La mezcla norte y sur siempre da buenos resultados", afirma Raquel. Quería ser una novia muy novia, pero sin ir disfrazada", revela Raquel al recordar cómo imaginaba su vestido. Buscaba un diseño protagonista, con una falda de gran volumen y una cola extralarga que realzara su figura, pero igualmente con líneas limpias y una estructura moderna.

Para hacerlo realidad confió en Valenzuela Atelier: "Me enamoró desde la primera cita con la creatividad del diseño sobre mi cuerpo y la paz e inspiración que se respiraba en el estudio", rememora. El resultado fue un espectacular vestido confeccionado en seda rústica y lino-seda, con un cuerpo de líneas asimétricas formado por piezas superpuestas y una falda de organza de seda que aportaba movimiento y ligereza. Aunque hubo un detalle que le hizo dudar durante las pruebas: el volumen de la falda.

No me atrevía a llevar tanto y acabaron convenciéndome", reconoce. Una decisión de la que hoy se alegra especialmente cuando contempla las fotografías de su matrimonio. El vestido escondía, además, una sorpresa.

Todo lo que se ha revelado

Para la ceremonia incorporó unas mangas desmontables de georgette de seda que creaban un delicado escote Bardot y que retiró durante el cóctel para lucir un escote palabra de honor. Así consiguió dos versiones de un mismo diseño. Y aunque Raquel eligió personalmente cada detalle de su estilismo, hubo una petición de Iñigo que quiso respetar. Mi novio solo me pidió una cosa y era que quería verme la cara cuando entrase porque le parecía muy especial ese momento de mirarnos a los ojos hasta llegar al altar", cuenta. Por eso decidió llevar el rostro descubierto durante su entrada en la iglesia, protagonizando uno de los instantes más emocionantes de la festividad. Buscábamos una finca al aire libre, conectada con la naturaleza", explica Raquel sobre el escenario elegido para su gran día. Esa misma inspiración natural, que más tarde se trasladaría a la decoración de la cena para recrear.

«Me enamoró desde la primera cita con la creatividad del diseño sobre mi cuerpo y la paz e inspiración que se respiraba en el estudio»