Los novios aguardando con el corazón en un puño al pie del altar, regalan algunas de las imágenes más humanas y románticas de la historia. El rostro de Felipe VI por ejemplo, se iluminó lleno de serenidad al ver aparecer a doña Letizia a quien no podía parar de mirar. Jack Brooksbank, marido de Eugenia de York suspiró de forma tan genuina que todos pudimos sentir el alivió al ver llegar a su prometida y asimismo quien no dudó en ponerse las gafas para no perderse ni un solo detalle de todo lo que estaba viviendo.

Lo que se sabe hasta ahora

  • La espera de estos novios en el altar se convierte en un catálogo inolvidable de complicidad, nervios a flor de piel y emoción contenida.
  • Existen miradas que lo dicen absolutamente todo sin necesidad de pronunciar una sola palabra, capaces de condensar años de espera, obstáculos superados y la certeza de un futuro compartido.
  • Así lo demostraron los ojos vidriosos y la sonrisa radiante de Carlos Felipe de Suecia al ver llegar a Sofía Hellqvist tras haber luchado por su amor, o los gestos desbordados de lágrimas entre Marta Luisa de Noruega y Durek Verrett.
  • Es esa devoción pura que traspasa, esa que nos invita a recordar que, por muy solemnes que sean las catedrales y por muy pesadas que resulten las coronas, el amor siempre encuentra la forma de brillar con luz propia. © ¡HOLA!