El problema está en que no debería nunca sustituir a un buen diagnóstico, ni mucho menos convertirse automáticamente en la única respuesta. De esto y de todas aquellas carencias en el abordaje fui consciente con los años, intercambiando experiencias con mujeres que se habían encontrado en una situación similar y escuchando a profesionales con un modus operandi sustancialmente diferente. Elegir un método implica hablar de eficacia y seguridad, pero a la par de salud global, preferencias, sexualidad, patrón de sangrado, proyecto reproductivo, calidad de vida y posibles efectos adversos a largo plazo.
Lo esencial, en breve
- La anticoncepción ha supuesto un avance enorme para la autonomía de las mujeres, permitiéndonos separar sexualidad y reproducción, y precisamente por esa razón merece una prescripción cada vez más individualizada, informada y libre.
- Esa individualización a la que alude cobra aún más sentido si tenemos en cuenta que hoy existen numerosas alternativas.
- Entre los métodos hormonales combinados se encuentran la píldora, el anillo vaginal y el parche; entre los que contienen únicamente gestágeno, la llamada minipíldora, los implantes, los inyectables y el DIU hormonal.
- A ellos se suman opciones no hormonales, como el DIU de cobre o los preservativos –estos últimos, conviene recordar, son los únicos que protegen frente a las infecciones de transmisión sexual–, así como los métodos basados.
- Pero que existan más opciones no significa que todas podamos acceder a ellas en las mismas condiciones.
- El coste, la disponibilidad, las listas de espera, el lugar de residencia o el acceso a profesionales con formación específica pueden hacer que una mujer tenga menos alternativas en la práctica que sobre el papel.
El contexto
Así lo apostilla Castaño, que señala que “la anticoncepción verdaderamente elegida exige que las alternativas sean accesibles, no solo que existan”. En el femenino, son los métodos más individualizados, con menor impacto sistémico y una mayor capacidad de adaptación a cada mujer, los que más prometen sobre el papel. Una de las novedades de los últimos años es la combinación de estetrol con drospirenona.
El estetrol es un estrógeno diferente al etinilestradiol clásico y parece tener menor impacto sobre algunos parámetros hepáticos y de coagulación frente a las píldoras clásicas. Es prometedor, aunque todavía necesitamos estudios a largo plazo para saber si estas diferencias se traducen en un menor riesgo clínico. También me parece especialmente interesante todo lo que se está investigando en anticoncepción no hormonal: métodos como anillos intravaginales o películas disolubles, que inmovilizan los espermatozoides de forma local, buscan impedir la fecundación actuando de una forma mucho más localizada, sin necesidad de modificar hormonalmente todo el ciclo de la mujer ”, adelanta Castaño.
El tiempo dirá qué nos depara el futuro de la ciencia. Y, sobre todo, qué hacemos como sociedad con esas nuevas posibilidades. Este artículo fue publicado originalmente en el número de noviembre 2026 de Vogue España.
«la anticoncepción verdaderamente elegida exige que las alternativas sean accesibles, no solo que existan»

