Con la ayuda de la psicóloga Pilar Conde, directora técnica de Clínicas Origen, analizamos las preguntas que hacemos habitualmente sin pensar que pueden cerrar la comunicación, los errores más comunes al intentar conectar con ellos y las claves para convertir la conversación en un refugio de confianza. Muchos padres sienten que, al llegar a la adolescencia, sus hijos pasan de contarlo todo a responder con monosílabos. En la adolescencia no es que no quieran comunicarse, sino que no quieren sentir que tienen que dar explicaciones constantemente.
Claves de la historia
- Pueden percibirlo como una pérdida de autonomía y autoridad, aspectos que están buscando construir en esta etapa.
- Es habitual que los padres caigan en un estilo más interrogatorio desde la preocupación y el interés, pero los adolescentes pueden interpretarlo como una amenaza a su autonomía o como una falta de confianza hacia ellos.
- ¿Cuáles son las preguntas “trampa” más comunes que hacemos los padres sin darnos cuenta (el típico “¿qué tal en el colegio?” o “¿por qué has hecho eso?”) y que cierran la comunicación al instante?
- Cualquier pregunta detrás de la cual exista una intención de preocupación o de supervisión puede ser percibida como un intento de control: “¿Con quién has estado hoy?”, “¿qué habéis hecho hoy?”.
- Los adolescentes tienen una gran capacidad para percibir la verdadera intención de los padres detrás de cada pregunta, no solo el contenido de la misma.
- A veces preguntar y dejar espacio para que el adolescente decida cuándo y cómo responder es mucho más eficaz que intentar obtener toda la información en ese momento Cuando el adolescente siente que la charla busca evaluar, corregir.
De dónde viene la noticia
No contestar, responder con monosílabos o reaccionar con hostilidad. Para pasar de la fiscalización a la escucha real, ¿cómo debemos formular las preguntas? Si un hijo responde con un rotundo “bien”, “nada” o “qué más da”, ¿cómo se puede reenganchar la conversación sin presionar ni caer en el enfado?
Una buena respuesta puede ser: “Vale, si en algún momento quieres retomar el tema o hablar de otra cosa, aquí me tienes”. Se trata de dejar el canal abierto, sin enfado ni recriminación, transmitiendo disponibilidad y seguridad. A veces la clave no es solo qué se pregunta, sino dónde y cuándo.
¿Cuáles son los mejores momentos del día (el coche, la cocina, dando un paseo) para que la conversación fluya de forma natural? No existe un momento específico que funcione para todas las familias. Cada familia tiene que identificar cuándo es el mejor momento para su hijo adolescente.
El desarrollo de la historia
Una señal clara es observar cuándo el adolescente se muestra más comunicativo o más hablador. Cuando eso ocurra, es importante aprovecharlo y estar abiertos a la escucha activa, evitando preguntas desde la crítica y mostrando un interés real por lo que nos cuentan. También es fundamental validar sus preocupaciones. Su mundo actualmente se vive desde esa perspectiva, aunque desde el punto de vista adulto algunos temas puedan parecer menos importantes. Cuando nos cuenten algo importante, es fundamental no reaccionar de manera impulsiva, agradecer la sinceridad y la confianza, y transmitir que vamos a reflexionar sobre lo ocurrido El lenguaje corporal habla tanto como las palabras. De acuerdo con lo difundido, ¿Qué postura, tono de voz o actitud debemos mantener para proyectar seguridad y no amenaza?
«En la adolescencia no es que no quieran comunicarse, sino que no quieren sentir que tienen que dar explicaciones constantemente»

