A sus 79 años, repasamos la vida de una intérprete que siempre ha defendido su libertad y que ahora vuelve a España para recibir el Premio Princesa de Asturias de las Artes. En el Nueva York de los años 70, formó parte de una corriente de artistas emergentes que no estaban dispuestos a ceder en su libertad creativa. Patti Smith ha mantenido esa misma filosofía durante toda su vida, pasando de las canciones a los libros sin tener que elegir.

Los hechos principales

  • Precisamente en su último libro, Pan de ángeles, una autobiografía, rememora con especial cariño uno de sus primeros conciertos en España, en concreto en Badalona en 1976, cuando vino a presentar su segundo disco, Radio Ethiopia,.
  • Este mes se cumplen 50 años de aquella actuación y la intérprete vuelve a España para celebrar el conmemoración y recibir el Premio Princesa de Asturias de las Artes, que reconoce su «impetuosa creatividad» y su «gran potencia expresiva.
  • Recogerá el galardón mañana viernes 23 de octubre en Oviedo.
  • Creció con la resaca de la Segunda Guerra Mundial, en una familia humilde con una infancia que transcurrió entre mudanzas y una salud delicada que se la jugó varias veces.
  • Sin quererlo, fue su padre el que despertó su interés primero por la pintura.
  • En una excursión inusual que hicieron al Museo de Arte de Filadelfia, motivados por el interés de su padre en Salvador Dalí, descubrió una sala entera dedicada a Picasso.

Marco de la historia

Después de esta esta experiencia revela: “Me aferré a una transformación invisible; me había enamorado del arte”. Un embarazo a los veinte años y las ganas de explorar el mundo le hicieron abandonar su casa y el hogar familiar en Filadelfia para empezar una nueva vida en Nueva York. Allí encontró al gran intérprete de su vida: Robert Mapplethorpe, a quien dedicó su gran obra: ‘Éramos unos niños’ (2010).

La idea del libro nació tras la muerte de Robert en 1989. En él rememora su historia de amor, sus primeros años sin dinero y cómo fueron descubriendo juntos el arte. Él experimentaba con la fotografía y los collages, ella escribía poemas.

Juntos descubrieron una manera de entender el arte que compartieron toda la vida. Llegaron a un Nueva York cada vez más libre y salvaje, pero con los peligros y el hambre de ser alguien entre tantos. Convivieron estos años con algunos otros que igualmente buscaban su hueco, especialmente en la época en la que vivían en el hotel Chelsea, refugio de muchos creadores como Janis Joplin, Miloš Forman, Leonard Cohen o Bob Dylan, uno de los grandes ídolos y modelo de Patti Smith.

Detalles adicionales

Su camino hacia la música no fue elegido. Fueron guiados por la idea de crear y de probar con ideas nuevas. En uno de los recitales que Smith representó en el Hotel Chelsea, quiso probar con algo nuevo y añadió una guitarra mientras leía. A partir de esa actuación, consiguió su primer contrato discográfico y aunque fue una gran oferta, iba con letra pequeña: tenía que ceder el control absoluto de su imagen y sus colaboraciones. No lo aceptó y siguió trabajando a media jornada en una librería mientras seguía escribiendo. En aquella época había mucha actividad en el hotel y empezó a definirse mejor dentro de la música, no había mujeres de las que pudiera aprender, pero encontró en Bob Dylan un ejemplo de lo que ella quería ser: alguien que cantaba los poemas que escribía. Aunque siguiendo ambos la misma línea, nunca sintió que fueran el mismo estilo, el suyo era propio y hasta ese momento.

«Me aferré a una transformación invisible; me había enamorado del arte»