La oferta es tan amplia y diversa que necesitarás organización, sin embargo, sí que te recomendamos que el itinerario lo inicies por la base de todo: el Aldstadt o barrio viejo, donde se concentra la historia más antigua de la urbe. Escribe en Google Maps Marktplatz, y ponte manos a la obra. La plaza del mercado, presidida por la fachada del inédito ayuntamiento, es un enclave ideal para comenzar a entender un poco la idiosincrasia de esta urbe germana.

Lo que se sabe hasta ahora

  • Una ciudad tan multicultural como acogedora que invita a sus visitantes a recorrerla sin prisas, disfrutando del paseo tranquilo que permita mimetizarse con el ambiente local.
  • En la misma plaza se halla, a la par, la estatua ecuestre de Jan Wellem, que gobernó el ducado de Palatinado-Neoburgo a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII y bajo cuyo mandato la ciudad vivió una etapa de esplendor cultural.
  • Quizás de aquella época le venga a Düsseldorf la herencia de apostar tan fuerte por cultivar las artes, un aspecto que exploraremos más adelante.
  • Tras echar un vistazo al lado más cotidiano, piérdete por las encantadoras callejuelas del Altstadt admirando sus edificios de fachadas tradicionales, sus tienditas y sus cervecerías: son tantas y tan seguidas, que entenderás rápidamente.
  • No estará de más hacer lo propio y tomarte una Alt, nombre de una de las cervezas locales: qué mejor manera de entender la idiosincrasia local que poniéndola en práctica.
  • Después, sigue hasta la iglesia de San Lamberto y observa su torre torcida.

En detalle

No, no es efecto del refrigerio, sino el resultado de haberla construido con madera húmeda que acabó por deformarse. La ruta te llevará, poco a poco, hacia otro nuevo enclave. El Burgplatz es, sin duda, una de las plazas más reconocibles de Düsseldorf, pues se halla abierta hacia el Rin y en su espacio suceden muchas cosas.

Sobre todo, es aprovechado por músicos y otros artistas callejeros para desplegar su talento. Dominando la estampa, la torre del antiguo palacio ducal, hoy sede del Museo de la Navegación. Antes de cambiar de escenario, ¿por qué no descubrir el Alstadt desde una perspectiva diferente?

Desde el embarcadero de Burgplatz parten constantemente cruceros panorámicos con los que recorrerás el río, disfrutando de una vista más original de la ciudad, cruzando por debajo de sus puentes y permitiendo admirar el paseo que se despliega junto a él. A lo lejos, una esbelta torre, considerada una de las construcciones contemporáneas de Düsseldorf, llamará tu atención. Lo que sí echarás de menos a la hora de descubrir el barrio, son los míticos Flossis, unas simpáticas figuras de colores creadas por la alemana Rosalie que durante años parecieron trepar por la fachada del antiguo almacén de Roggendorf como si quisieran conquistar el edificio.

La historia en profundidad

En 2018, pese a ello, fueron retiradas por motivos de conservación. Antes de abandonar el vecindario, eso sí, haz una parada en el Rheinturm. La torre del Rin, uno de los símbolos más reconocibles de Düsseldorf, se alza con sus imponentes 240,5 metros, convirtiendo su mirador en un enclave privilegiado para comprender la ciudad desde las alturas. Su plataforma panorámica ofrece vistazas 360º sobre el río y posee, cómo no, un restaurante giratorio y un bar. Dicen que en los días despejados se puede llegar a ver la catedral de Colonia desde ella. Descubrir la otra gran faceta de Düsseldorf, la de su pasión por el arte, te llevará irremediablemente a acabar este singular recorrido haciendo una ruta por sus museos. Porque si tuvieras que elegir uno solo, serías incapaz. Cada templo a la cultura en esta ciudad es un auténtico paraíso. Comenzando por la Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen,.