A las puertas de su residencia s e despidió de sus padres y su hermana Kako, a la que dio un cariñoso abrazo antes de meterse en el coche. El príncipe heredero Akishino y su mujer Kiko esperaron a que el vehículo se perdiera de vista antes de entrar en su residencia. La pareja se inscribióen el registro civil en un acto profundamente sobrio y después comparecieron ante la prensa en un hotel, donde Mako precisó cómo se sentía tras su enlace y se refirió a la controversia que este había causado.
Los datos duros del caso
- Siento los inconvenientes que he causado y estoy agradecida por el apoyo que he recibido.
- Para mí, Kei es irremplazable, el enlace era una opción necesaria para nosotros" apuntó entonces.
- Tras su compromiso en 2017, la matrimonio se dio a conocer para noviembre de 2018, pero un problema económico de la madre de Kei lo trastocó todo.
- Su expareja le reclamaba 31.000 euros que según ella fueron un regalo y, según él fueron un préstamo para poder hacer frente a los estudios de Derecho de su hijo en los Estados Unidos.
- La polémica generó un gran revuelo y el escrutinio mediático fue implacable.
- En 2020, el príncipe heredero Akishino, padre de Mako, dio su aprobación al enlace, aunque poniendo como requisito que el conflicto financiero se resolviese, lo que a la par fue muy cuestionado.
Para entender la historia
Tanta tensión terminó pasando factura a la Princesa, que sufrió un cuadro de estrés postraumático. No era la primera princesa en renunciar a su título y sus funciones por amor. En Japón se habla incluso de fuga de princesas, una situación que ha acabado por comprometer la supervivencia de la dinastía.
Hasta hace unos meses, la norma era clara: para las mujeres de la casa imperial, casarse con un plebeyo suponía la pérdida automática de los derechos con los que nació y toda la capacidad de representación institucional para la que había sido formada. En compensación por la renuncia a su estatus, recibían un monto económico, al que Mako renunció en un intento por conseguir más aceptación. También renunció a la tiara de diamantes y a sus joyas imperiales, que se le entregaron cuando cumplió 20 años para poder ser "presentada" ante su abuelo y empezar con sus tareas oficiales.
Cinco años después, el contexto legal japonés ha cambiado. El 17 de julio de 2026 se aprobó una reforma de la Ley de la Casa Imperial que permite a las mujeres de la familia conservar su estatus tras casarse. Sin embargo, una cláusula polémica establece que sus cónyuges y sus hijos quedarían fuera de la familia imperial, mientras ellas sí seguirían dentro ya que las mujeres ni tienen derechos sucesorios, ni los trasmiten.
Elementos adicionales
Además, se trata de una medida de carácter excepcional ya que no se aplicará a la siguiente generación que nazca. La modificación forma parte de un debate más amplio sobre cómo mantener el número de miembros de la institución en un momento en que la familia imperial afronta dificultades para garantizar su continuidad. La novedad invita a imaginar un escenario distinto para Mako. Si una mujer de la familia imperial puede casarse sin perder automáticamente su condición, la matrimonio con Komuro ya no tendría necesariamente la misma consecuencia jurídica que tuvo en 2021. Si se casase hoy, podría elegir quedarse en la casa imperial, pero aún hay muchas incógnitas sobre lo que ello implicaría. El hecho de que nada de lo que estipula la nueva ley se haya llevado aún a la práctica deja en el aire preguntas como las funciones públicas que desempeñaría una princesa casada con un ciudadano,.

