La reflexión que vincula la felicidad con estos tres elementos invita precisamente a detenernos en nuestra forma de vivir. Y, aunque puede parecer una idea utópica o difícil de alcanzar, lo cierto es que, desde el punto de vista de la psicología, trasladar esta idea al día a día no es tan difícil. A día de hoy, poner en marcha la propuesta de Immanuel Kant puede resultar más complicado que cuándo él sentenció la frase.

Los hechos principales

  • El filósofo fue uno de los más influyentes de la Ilustración.
  • Nacido en Königsberg, en la antigua Prusia, dedicó buena parte de su pensamiento a cuestiones como el conocimiento, la moral, la libertad y la razón.
  • Entre sus obras más destacadas se encuentran Crítica de la razón pura y Crítica de la razón práctica, fundamentales para comprender su influencia en la filosofía moderna.
  • Que la frase del filósofo tome sentido ahora y podamos aplicarla siglos después guarda explicación en determinados patrones psicológicos.
  • Sentir que tenemos margen para intervenir en nuestra propia vida puede cambiar la manera en la que afrontamos las dificultades.
  • No se trata de mantenernos ocupados constantemente ni de llenar la agenda de tareas, sino de reconocer que podemos tomar decisiones y dar pequeños pasos, incluso cuando las circunstancias no son las que nos gustaría.

Marco de la historia

Para María Martínez, psicóloga experta en mente y percepción Kaizen (@caminokaizen), cada uno de los pilares que indicó el filósofo desempeña un papel fundamental en nuestro bienestar. Sobre el primero, "tener algo que hacer", la experta señala: "Cuando hacemos, cuando tomamos acción, cuando nos sentimos con la capacidad de poder hacer, nos desbloqueamos, nos sentimos útiles, nos sentimos válidos y nos sube la autoestima. De hecho, cuando nos sentimos impotentes, sentimos que no tenemos salida, que no podemos movernos, hay más estrés y es una sensación muy, muy desagradable y negativa.

Esta capacidad de acción no debe confundirse con la productividad ni con la obligación de estar siempre haciendo algo. También podemos encontrarla en actividades tranquilas, siempre que nazcan de una decisión propia y no de la sensación de tener que cumplir constantemente con las expectativas externas. Eso sí, tras este consejo, la especialista advierte que no siempre podremos cambiar una situación por completo, pero sí elegir cómo responder ante ella: "Siempre necesitamos tener algo que hacer, pero no significa estar en movimiento literalmente, pero sí tener la voluntad de actuar sobre algo.

Es decir, yo puedo estar leyendo, puedo estar tumbada, pero estoy haciendo, porque lo estoy haciendo desde mi voluntad. Entonces, para mí, se refiere a algo que yo estoy eligiendo voluntariamente". El segundo pilar nos lleva a pensar en aquello que despierta nuestro afecto y da sentido a nuestras acciones.

Detalles adicionales

Puede tratarse de una persona, una actividad, un proyecto o una parte de nuestra vida que nos haga sentir conectados con lo que somos. Más que un objetivo concreto, el amor aparece aquí como una motivación que nos ayuda a encontrar razones para avanzar. La especialista, así lo explica: " Cuando tú amas algo, es tu motivación. El amor implica un motivo por el que hacer algo. Eso que deseo tiene que estar motivado por el amor a esa cosa. Entonces, el deseo genera movimiento hacia adelante. El amor genera el tomar acción de una forma adecuada; es decir, el lugar desde el que hacemos las cosas", señala María Martínez. Esta perspectiva a la par invita a ampliar nuestra idea del amor. No tiene por qué limitarse a las relaciones sentimentales o a los grandes acontecimientos.

«Algo que hacer, algo que amar, algo que desear»