A ingredientes habituales como harina de trigo, mantequilla, azúcar, huevos o leche, se suman distintas especias aromáticas como la canela, la nuez moscada, el jengibre … En realidad, no hay una única receta, pero en muchas de ellas encontramos estas galletas decoradas con pasas de Corinto o grosellas secas. Para conocer el origen de estas curiosas galletas, tenemos que remontarnos a la Edad Media, cuando en Inglaterra comenzó a extenderse la costumbre de repartir alimentos durante las celebraciones de Todos los Santos. Su nombre, que podría traducirse como ‘pasteles de las almas’, está estrechamente ligado a las creencias religiosas de la época y a la tradición de rezar por quienes habían fallecido.

Lo que se sabe hasta ahora

  • Esta costumbre, conocida como souling, consistía en recorrer las casas para pedir estos dulces a cambio de oraciones por las almas de los difuntos, especialmente por las de los familiares de quienes los ofrecían.
  • En ocasiones, quienes llamaban a las puertas a la par entonaban canciones tradicionales.
  • De este modo, las soul cakes se convertían en algo más que un dulce: eran una muestra de caridad y una forma de recordar a los seres queridos.
  • Con el paso del tiempo, esta tradición fue perdiendo fuerza, aunque se mantuvo durante siglos en algunas regiones inglesas.
  • Por su dinámica de ir de casa en casa pidiendo comida, el souling se considera uno de los antecedentes inéditos del actual ‘truco o trato’ de Halloween, aunque ambas costumbres tienen sus propias particularidades.
  • La preparación de las soul cakes no entraña gran dificultad.

En detalle

Vamos a hacer una versión con mantequilla, harina, azúcar, especias y pasas de Corinto, de estilo antiguo, adaptada a una cocina doméstica actual. -Precalienta el horno a 180°C, con calor arriba y abajo, y prepara una bandeja cubierta con papel de hornear. -Mezcla en un cuenco la harina, la canela, la nuez moscada, el jengibre, el clavo y la pizca de sal, procurando que las especias queden bien distribuidas. -Añade los dados de mantequilla a la mezcla de harina y especias. Con las yemas de los dedos, frota la mantequilla contra la harina hasta obtener una textura semejante a unas migas finas. Trabaja sin amasar en exceso, para evitar que la masa quede dura después del horneado. -Incorpora.

Mezcla con una cuchara para repartirlos de manera uniforme. -En un recipiente pequeño, bate ligeramente la yema de huevo con dos cucharadas de leche y la cucharadita de vinagre de sidra. Vierte esta mezcla sobre los ingredientes secos y remueve hasta que empiecen a unirse. Si la masa está demasiado seca y se desmenuza, añade un poco más de leche, cucharada a cucharada, hasta conseguir una masa compacta, tierna y fácil de trabajar, sin que resulte pegajosa. -Coloca la masa sobre una superficie ligeramente enharinada y extiéndela con un rodillo hasta que tenga en torno a medio centímetro de grosor. -Corta círculos de unos 6–7 cm de diámetro con un cortapastas o el borde de un vaso.

Junta los recortes sobrantes, vuelve a extenderlos y corta más piezas hasta terminar la masa. -Coloca las piezas en la bandeja, dejando una pequeña separación entre ellas. Con la punta de un cuchillo, marca suavemente una cruz en el centro de cada una, sin llegar a cortar la masa por completo. -Introduce la bandeja en el horno precalentado y hornea durante unos 15–20 minutos. El tiempo exacto dependerá del grosor y del tamaño de las piezas.

La historia en profundidad

Retíralas cuando los bordes estén ligeramente dorados y la superficie siga relativamente pálida; no es necesario que queden muy tostadas. -Deja reposar las galletas unos minutos en la bandeja, ya que estarán frágiles al salir del horno. Después, pásalas con cuidado a una rejilla y espera hasta que se enfríen por completo. Sírvelas solas o acompañadas de una taza de té o café.