Recorremos la capital maltesa para descubrir cómo este material ha marcado su arquitectura y por qué Renzo Piano decidió recuperarlo para transformar la entrada a la ciudad. La solución apareció durante una visita a los templos megalíticos de gantija, en Gozo, otra de las islas que componen el archipiélago maltés, situada al noroeste de la isla principal. Nos quedamos impresionados al ver aquellos enormes bloques de piedra que llevaban allí 6.000 años.
Lo esencial, en breve
- Nos miramos y dijimos que era cierto que no había canteras de piedra dura, pero que la piedra estaba allí.
- La encontraríamos y abriríamos nuestra propia cantera.
- ¡Y así lo hicimos!", cuenta Belvedere.
- La búsqueda terminó con la apertura de una cantera en Gozo, de la que salió la caliza utilizada en el nuevo Parlamento, inaugurado en 2015.
- La Valeta (Malta) La Valeta (Malta) Para comprender por qué aquella búsqueda tenía tanta importancia hay que recorrer La Valeta y darse cuenta poco a poco de que sus edificios comparten una tonalidad entre crema y dorada que se intensifica.
- Y es que hasta las construcciones más humildes participan de una arquitectura que ha dado a la capital maltesa una identidad única.
El contexto
La Valeta (Malta) La Valeta (Malta) Una ciudad nacida de su propia piedra Para conocer de primera mano su historia, recorrimos la capital de la mano del guía especializado Mario Micallef, que nos contó que la responsable es, principalmente, la caliza globigerina, conocida en maltés como ebla tal-franka. Su origen se remonta a millones de años, cuando el territorio que hoy ocupa el archipiélago estaba bajo el mar. Allí se acumularon sedimentos formados por restos de organismos marinos microscópicos, especialmente foraminíferos, cuyas diminutas estructuras calcáreas acabaron compactándose hasta formar la roca.
Compuesta fundamentalmente por carbonato cálcico, esta piedra de grano fino es relativamente blanda y resulta fácil de cortar y tallar, especialmente recién extraída. Los canteros podían trabajarla para levantar muros o realizar las elaboradas decoraciones que todavía adornan las iglesias maltesas ". Su color claro igualmente favorece la reflexión de parte de la radiación solar, aunque el comportamiento térmico de los edificios depende igualmente de otros factores, entre ellos el espesor de sus muros.
Pero la gran transformación llegaría en el siglo XVI. Tras resistir el asedio otomano de 1565, los caballeros de la Orden de San Juan decidieron levantar una nueva ciudad fortificada en la península de Sciberras, entre dos puertos naturales. La primera piedra se colocó el 28 de marzo de 1566 y el proyecto urbanístico quedó en manos del ingeniero militar italiano Francesco Laparelli.
La nota completa
La nueva capital recibió el nombre del gran maestre Jean Parisot de Valette. El terreno proporcionó buena parte del material necesario, y la excavación de la propia península permitió obtener piedra para las obras, mientras la ciudad adquiría su característica trama de calles rectas. Con el tiempo, el arquitecto maltés Girolamo Cassar dejaría allí algunas de sus construcciones más importantes, entre ellas la concatedral de San Juan, levantada entre 1573 y 1577. Su fachada, de una austeridad casi militar, difícilmente prepara para el despliegue barroco que espera en el interior. La Valeta conserva hoy unos 320 monumentos concentrados en apenas 55 hectáreas, una densidad patrimonial extraordinaria que contribuyó a su declaración como Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1980. Casi cuatro siglos y medio después de su fundación, la ciudad volvió a enfrentarse a una transformación importante.
«trece estudios, algunos destinados a residentes permanentes y otros reservados para artistas invitados del extranjero, además de salas de reunión y talleres compartidos»

