Por aquel entonces, Francia volvía a tener emperador, Napoleón III, quien había adquirido la línea Campana para el Louvre un año antes. Una compilación extraordinaria que debía su nombre al marqués Giampietro Campana, quien reunió miles de objetos antiguos, en su afán por reconstruir un conjunto que representase la producción artística de toda Italia. El ‘problema’ es que terminó pagando un alto precio por su desmedida ambición.

Puntos clave

  • Fue detenido por malversación de fondos y se le confiscó aquella línea que había comenzado con tanto esmero.
  • En cuanto se puso en venta, Napoleón III adquirió, de su propio bolsillo, la mayor parte, dispuesto a nutrir los museos franceses.
  • Un hito que inspiró a Mellerio dits Meller a la hora de crear su pieza, que bebe de la Grecia clásica, como puede verse en su diseño Engastado en diamantes de talla mina antigua y realzado con diamantes de talla rosa, la diadema es.
  • Aunque la pieza fue creada y pensada en el esplendor del Segundo Imperio francés, terminaría en manos de una dinastía que representaba al régimen anterior, la familia de Orléans.
  • Tras la exposición, fue comprada por Antonio de Orléans -el hijo pequeño del rey Luis Felipe de Francia, el último soberano que ocupó el trono galo antes de su abdicación durante la Revolución Francesa de 1848- y la infanta Luisa Fernanda.
  • La pareja vivió en la corte francesa hasta febrero de 1848.

Los antecedentes

Con el estallido de la revolución, recaló en Gran Bretaña, después, Holanda, y finalmente España, aunque no podrían quedarse en Madrid. Terminarían instalándose en Sevilla y el palacio de San Telmo, a orillas del Guadalquivir, donde nacieron sus nueve hijos, se convirtió en su hogar. De hecho, el enlace se hizo con la tiara para entregárselo a la mayor, María Isabel, como regalo de matrimonio.

La joven se casó con Philippe de Orléans, Conde de París -y pretendiente al trono francés-. La pareja tuvo ocho hijos, pero María Isabel quiso dejársela al pequeño, Fernando de Orléans, que se casó con una aristócrata española, María Isabel González de Olañeta e Ibarrieta, marquesa de Valdeterrazo, en 1920. De hecho, ella la llevó en numerosas ocasiones durante los años veinte -y por el resto de su vida.

Hasta el momento, pertenecía a su línea privada, pero, ahora, ya busca un nuevo dueño. © ¡HOLA!