Prefería adorar la pubertad eterna como si de un vellocino dorado se tratara. Pero vaya, tal y como había hecho siempre… Y todo el mundo y en todas partes. Durante siglos, hemos sobrevivido a una corriente que parecía no acabar nunca, ésa en la que cumplir veinticinco años equivalía a la jubilación anticipada.
Lo esencial, en breve
- En las pasarelas y en la vida de Leonardo di Caprio, sobre todo, pero igualmente en todo lo demás.
- Un universo en el que las cremas antiaging nos las vendían chavalas que aún podían sufrir de acné y en donde la mujer madura era desterrada al exilio de las tallas grandes, a la media descanso y al zapato de farmacia.
- El guión ha dado un giro de 360 grados.
- El ageism —o sea, la (perversa) dictadura de la juventud— ha firmando, por fin, su rendición incondicional.
- Que Hollywood quizás podrá seguir creyendo que el próximo taquillazo lo protagonizará un animal parlante y sabelotodo antes que una señora como Dios Manda (¿o quizás tampoco?), pero la Alta Costura, por contra, ha despertado de su letargo.
- El silver-power ha arrasado con el edadismo.
El contexto
Y no era una corriente, era un maremoto. Pero no nos engañemos pensando que los todopoderosos conglomerados del lujo han sufrido un ataque repentino de filantropía social y ahora son la Madre Teresa de Calcuta del Feminismo. Y es que cuando hablamos de empresa, chiquis, las corrientes se miden en función de los márgenes de beneficio.
Y si teníamos alguna duda, la Reserva Federal estadounidense lo ha cuantificado. Más del 70% de la riqueza del país se concentra en los mayores de 55 años, un grupo demográfico que asimismo es responsable de más del 45% del gasto de los consumidores y si las mujeres tienen mayor esperanza de vida y son quienes más consumen… Nena, echale una pensada. Con poner el telediario te das cuenta de que con la crisis del coste de vida y la precariedad laboral —y salarial— de los jóvenes las veinteañeras podrán regalar likes en TikTok a cualquier marca de Kering o LVMH, pero quienes realmente pasan la tarjeta Black de American Express son… Sus madres.Y tiene gracia el tema porque hace tan solo.
Como en las aplicaciones de Meeting, ¿Más de 40? Pero la moda, aquí, tomó nota. O que se dio cuenta de que vender un abrigo de cinco mil euros exige credibilidad y/o identificación.
La nota completa
Las clientas maduras —que en el hipotético caso se quieren gastar ese pastizal— ya no quieren verse representadas por modelos que podrían ser sus nietas. Que una cosa es apelar a lo aspiracional, pero otra muy distinta, creer en el paño de lana como si fuera la Virgen de Lourdes o una pócima milagrosa rollo madrastra de Blancanieves… Esas mujeres ahora, hoy, exigen verse a sí mismas: seguras de sí, poderosas, bien vestidas y bien vividas… Poner en Pause el "antienvejecimiento" ya no es el mantra; adaptarse —lozanas— a la longevidad es el nuevo —y absoluto— lujo. Y eso es lo que estamos viendo hoy en la Industria de la Moda. Asistimos a un momento histórico. Con la moda por bandera, la sociedad está diciendo adiós al mito del "Collige, virgo, rosas", que estudiabas en Literatura. Ahora, el mundo va por otro lado. Por el “Señora, no tenga prisa. No coja las primeras rosas que encuentre.
«ya no es el mantra; adaptarse —lozanas— a la longevidad es el nuevo —y absoluto— lujo. Y eso es lo que estamos viendo hoy en la Industria de la Moda. Asistimos a un momento histórico. Con la moda por bandera, la sociedad está diciendo adiós al mito del»

