Está el sacrificio, la esperanza, el viaje en busca de un destino, la vuelta al hogar... el amor o la familia que uno se ve obligado a dejar atrás. Yo siempre escucho sus relatos, lo que pasa es que no todo el mundo se abre o sabe contar bien lo que le ha acontecido. Por eso, cuando encuentras a alguien con la capacidad de narrar, vives un gran momento.
Lo esencial, en breve
- Me ha pasado en bares, en taxis, y me pasó con Amadou en esta timba de mus.
- Hay timbas de mus que se complican, y uno termina en Fuenlabrada a las cinco de la mañana.
- Esta se complicó muchísimo, acabó en Guinea, ¿sabes?”, ríe el igualmente autor de títulos como Los días perfectos ( 2021) y Las despedidas (2023) –ambos, editados por Libros del Asteroide–.
- Efectivamente, Bergareche conoció al protagonista de su nuevo libro en un torneo memorial de mus organizado en homenaje a su hermano Roque, asesinado en Luanda (Angola), en octubre de 2012.
- Así, Tío grande es un viaje al desaliento que conecta varios puntos de geografía africana, pero igualmente es una festividad de la vida y una búsqueda de construcción de sentido a través de la narrativa, que, en palabras del autor, es.
- Libros del Asteroide Han transcurrido 14 años desde la muerte de tu hermano, ¿cómo se ha transformado tu enfoque sobre la pérdida en este tiempo?
El contexto
He escrito dos libros sobre este tema. Uno lo escribí en la parte más dolorosa y más inicial del duelo. Fue mi primer libro, Estaciones de regreso (Círculo de Tiza, 2019), y fue muy difícil de abordar.
Y este ya lo escribo, en realidad, con el duelo terminado, bien gestionado. Ya colocado en un sitio donde no me duele hablarlo. Pero lo saco porque creo que para el lector es importante entender el vínculo que tengo yo con África.
Qué es lo que me hace mirar allá y qué es lo que me ata a ese lugar. Esa conversación viene porque Amadou me quería enseñar el lugar en el que había vivido, en una chabola en el Monte Gurugú (Marruecos). Había sido el enclave de mayor sufrimiento de su viaje.
La nota completa
Cuando fuimos a visitarlo, ese asentamiento ya no estaba. Y eso le generó una enorme frustración: que ese campamento donde había sufrido, donde pensó que jamás iba a salir de ahí, había dejado de existir. Y ahí es cuando yo le digo: ‘Tranquilo, lo contaremos. No hace falta que esté aquí para contarlo’. Yo pienso, por supuesto, que los noventa son la década más fascinante de la historia de la humanidad. Pero no sé si lo pienso porque yo era joven en los noventa (risas). Probablemente eso también influya. Pero es verdad que los noventa tienen una particularidad, y es que se acabó la Unión Soviética y, con ello, una gran amenaza que pendía sobre nosotros de exterminación. También sabíamos ya cómo protegernos del sida, que era una cosa que había hecho que el sexo diera miedo.
«La utilización política de los ‘menas’ me parece repugnante. Y yo no soy de izquierdas»
