Aunque no determina de forma absoluta quiénes seremos, deja una huella profunda en la manera en que cada persona se relaciona consigo misma, con los demás y con el mundo que la rodea. Son los años en los que se sientan las bases de la autoestima, el carácter, la manera de gestionar las emociones, de resolver problemas y afrontar los desafíos de la vida… Y, dentro de esa primera etapa vital, uno de los aspectos que más marcan son los vínculos que se establecen. Los padres son los adultos de referencia por antonomasia, pero no son los únicos.
Puntos clave
- Y, cuando las circunstancias impiden que los progenitores puedan tener la presencia que les gustaría con los hijos, otros familiares o allegados pueden convertirse en apoyos fundamentales de la crianza.
- Es lo que le ocurrió a Gabriel Rufián, quien ha hablado en más de una ocasión con orgullo de sus padres, de cómo lucharon por sacarlo adelante y darle una educación, siendo muy jóvenes.
- Mi padre tenía 19", decía en una entrevista concedida a La Vanguardia en 2015.
- Me criaron mis abuelas, y recuerdo a vecinas que eran como tías y tías que eran como madres.
- Su historia pone el foco sobre la importancia de la llamada ' tribu ', esa red de apoyo formada por abuelos, tíos, vecinos, amigos y otras personas cercanas que acompañan a las familias en la tarea de criar.
- Una figura clave y muy habitual en generaciones anteriores que hoy en día parece haber desaparecido.
Los antecedentes
Sobre el valor de esta red de cuidados y el impacto que tiene en el desarrollo emocional de quienes, como Gabriel Rufián, se han criado arropados por ella, hemos hablado con María Jesús Andrés, psicóloga y fundadora de Psicomaster. Saber que hay varios adultos que se acuerdan de ti, que se preocupan cuando faltas o se alegran cuando apareces refuerza mucho la autoestima, porque el niño interioriza que merece ser cuidado Gabriel Rufián ha dicho que a él le criaron sus abuelas y las vecinas, porque sus padres le tuvieron con 18 y 19 años y trabajaban mucho para poder pagar su educación. Junto a los abuelos, las vecinas ocupaban un lugar relevante; de hecho, dice que para él eran sus tías.
Según lo recogido en la cobertura, ¿Hasta qué punto puede una vecina, una amiga de la familia o alguien del entorno convertirse en una figura de apego significativa? Puede hacerlo en gran medida, y no es ninguna rareza. Los niños no se apegan solo a quien los ha traído al mundo, sino a quien está presente de forma constante, los trata con cariño y responde cuando lo necesitan.
La teoría del apego ya contemplaba desde sus inicios que un niño puede tener varias figuras de referencia, con un orden de importancia distinto, pero todas capaces de ofrecerle consuelo y seguridad. Si una vecina le abre la puerta cada tarde, le da la merienda, le pregunta por sus cosas y está ahí el día que se cae en el portal, esa mujer se va convirtiendo poco a poco en alguien muy importante para él. Esa figura no sustituye a la familia, pero la complementa.
Todo lo que se ha revelado
Y lo que la hace significativa no es el parentesco, sino la calidad del vínculo: que sea estable, que sea cálido y que el niño sepa que puede contar con ella. Que él la llamara tía dice bastante, porque los niños suelen poner nombre de familia a quienes sienten como parte de su casa. Un niño necesita ver a esa persona con regularidad, saber que mañana va a seguir ahí y que no desaparece sin avisar, porque la confianza se construye a base de repetición. Lo segundo es cómo le trata, y aquí lo importante es que lo mire como a alguien con nombre propio, que recuerde que le gusta el chocolate o que tenía examen el jueves, que le escuche de verdad y no solo le dé conversación por cumplir. Los niños detectan enseguida a quien se interesa por ellos y a quien solo está de paso. También pesa mucho lo que hacen los adultos de la familia. Si los padres y los abuelos tratan a esa persona.
«Me criaron mis abuelas, y recuerdo a vecinas que eran como tías y tías que eran como madres»

