Es una casa pensada para vivir, jugar y componer sin reglas. Cada pieza tiene una historia y ha encontrado su lugar en un universo en constante transformación. Para esta intérprete escénica decorar es jugar, experimentar y rodearse de objetos que despierten emociones.

Los datos duros del caso

  • Su particular forma de entender el interiorismo ha hecho de su hogar un reflejo de su manera de mirar el mundo.
  • Para dar forma a su propio hábitat no ha seguido un plan, sino que se ha dejado llevar por la curiosidad y las ganas de recuperar aquello que tiene una historia.
  • A la hora de diseñar su casa, la idea inicial fue crear una base serena sobre la que incorporar diferentes elementos sin que ninguno perdiera protagonismo Belén Imaz " Mi casa.
  • Para mí, el proyecto más divertido por ahora ", dice Lourdes sobre su propia vivienda.
  • Y basta recorrerla para entender por qué.
  • El lienzo inicial es sereno y sobre esa base aparecen los recuerdos de sus tres años en Colombia, las piezas de artesanos que ha ido descubriendo, los muebles que ha transformado con sus propias manos y los objetos que, por alguna razón.

Para entender la historia

Nada parece responder a una fórmula rígida, ni busca estar terminada, pretende seguir contando quiénes son sus habitantes. La idea inicial fue crear una base serena sobre la que incorporar diferentes elementos sin que ninguno perdiera protagonismo. El azulejo esmaltado, la textura del mortero rallado y los porcelánicos neutros se repiten por toda la vivienda, aunque con distintos despieces en paredes y suelos", detalla sobre la continuidad material que aporta coherencia al conjunto y permite que sean los muebles, las obras de arte y los objetos personales los que introduzcan las notas de color y carácter.

Al fondo, sobre el aparador, la trompeta del abuelo. Belén Imaz Colombia, los artesanos y los objetos que cuentan historias Tres años de vida en Colombia dejaron una huella profunda en la casa de Lourdes. De aquella etapa conserva recuerdos, piezas y encuentros que ampliaron su universo creativo, especialmente el contacto con artesanos capaces de transformar materiales y técnicas tradicionales en objetos únicos.

Una palenquera de Cartagena de Indias observa el salón, mientras que un aparador realizado con maderas recuperadas añade una nota inesperada, ya que Lourdes lo pintó de amarillo y lo convirtió en una pieza completamente personal. También hay un taburete desmontable de Ceci Arango, trabajado en torno con unas curvas muy cuidadas, y cestos de colores vibrantes que acompañan la bajada de la escalera. Aparador antiguo que Lourdes Sendagorta pintó de amarillo.

Elementos adicionales

Más que reproducir una estética concreta, estos elementos hablan de una experiencia vital y de una forma de entender el diseño a través del descubrimiento. Los viajes, los encuentros y los objetos acumulados con el tiempo se incorporan al hogar sin necesidad de responder a una única narrativa decorativa. La interiorista disfruta, asimismo, interviniendo personalmente en algunos de los objetos. Pinta sillas, transforma el banco de las niñas o da un nuevo aspecto a su mesita de noche. Son gestos que hacen que la decoración nunca quede del todo cerrada y que permiten adaptar la casa a las necesidades y gustos de quienes la habitan. La interiorista disfruta dándole una nueva vida a sus muebles, como este banco en la habitación de las niñas. Belén Imaz Esa libertad a la par se manifiesta en su afición por cambiar la función de las cosas y recuperar piezas que otros han descartado. La reja.

«Mi casa. Para mí, el proyecto más divertido por ahora»