Muchas veces hablamos porque no sabemos qué hacer con el silencio ", explica Elena Daprá, experta en psicología integrativa. Esa necesidad de comentar cuánto ha bajado la temperatura puede surgir incluso cuando llevamos todo el día deseando llegar a casa y dejar de hablar. Cuando entramos en un ascensor compartimos un espacio muy reducido con alguien a quien, en ocasiones, ni siquiera conocemos", señala la experta.
Claves de la historia
- Esa cercanía obliga a gestionar una situación peculiar, en la que podemos estar a escasos centímetros de una persona de la que apenas sabemos nada.
- Cómo vivimos ese momento dice más de nosotros de lo que pensamos.
- Para algunas personas, iniciar una conversación es una manera natural de relacionarse.
- Para otras, es una estrategia para reducir la incomodidad, controlar la situación o evitar sentirse observadas", señala Daprá.
- Y añade: "A veces no rompemos el silencio para comunicarnos con el otro, sino para tranquilizarnos a nosotros mismos.
- Podemos preguntarnos qué nos lleva a intervenir cuando el trayecto apenas dura unos segundos: quizá nos apetece charlar con ese vecino o quizá estamos pendientes de causarle una buena impresión y sentimos que el silencio podría.
De dónde viene la noticia
También influye lo que hemos aprendido acerca de la cortesía: comentar que hace calor es una forma sencilla de romper el hielo. Elena Daprá rememora que estos intercambios "ayudan a gestionar la proximidad física , reducen la incertidumbre y facilitan una convivencia social cordial". Por eso conviene ser prudentes al sacar conclusiones acerca del carácter de quien habla.
Como advierte la psicóloga, "ser hablador no significa necesariamente ser sociable". Una conversación animada igualmente puede servir para aliviar los nervios de quien la mantiene. Lo interesante no es tanto si hablamos o permanecemos callados, sino qué sentimos cuando no hablamos.
Hay quien disfruta del trayecto sin darle más vueltas y quien mira el indicador de las plantas deseando llegar cuanto antes porque la situación le resulta incómoda. La seguridad personal no consiste en tener siempre algo que decir, sino en no sentir que debemos demostrar algo constantemente", afirma. Algo parecido sucede con quienes prefieren esperar al siguiente ascensor parasubir solos.
El desarrollo de la historia
Elena Daprá explica que disfrutar de un momento de intimidad es una preferencia que, por sí misma, dice poco acerca de nuestra personalidad. Cuando esperamos sistemáticamente por temor a que alguien nos observe o nos juzgue, la experta señala que "podríamos estar ante una conducta de evitación social ". En esos casos, evitar el encuentro "proporciona alivio inmediato, pero cuando está motivada por el miedo y se repite, puede contribuir a mantenerlo". Hacemos un comentario amable y recibimos un "sí" que da por terminada la conversación. Elena Daprá cuenta que las personas con mayor sensibilidad al rechazo o necesidad de aprobación "pueden interpretar una respuesta neutra como una valoración negativa de sí mismas ". Uno de los grandes errores en nuestras relaciones es interpretar el silencio de los demás como si siempre tuviera algo que ver con nosotros ", advierte. El vecino puede estar.
«Iniciar una conversación de ascensor (o no hacerlo) dice más de nosotros de lo que pensamos, a veces solo charlamos para tranquilizarnos a nosotros mismos»

