Es la forma en que Cedeira recibe a sus difuntos, una tradición casi olvidada que volvió a celebrarse gracias a un maestro empeñado en rescatarla y a un modesto taller de calabazas al que acudieron unos pocos vecinos. Pero el vínculo de esta villa con lo sobrenatural no se apaga con esa noche de otoño. Cedeira fue considerado el lugar donde empezó la recuperación del Samaín en Galicia, atribuida al impulso del maestro Rafael López Loureiro, que recorrió la comarca buscando lo que quedaba de esta tradición.

Lo esencial, en breve

  • Aquel primer año todo se redujo a un taller de tallado de calabazas con muy poca gente, porque vaciarlas había sido hasta entonces poco más que un juego de niños.
  • En pocos años la fiesta arribó a la comarca de Ferrol y de ahí a toda Galicia, y hoy la organizan la Asociación Amigos do Samaín y el Concello la defienden como una festividad familiar y gallega, anterior a la llegada de la versión.
  • Durante esos días, las carpas del paseo da Mariña acogen talleres de zonchos, las castañas cocidas propias de estas fechas y de adornos para el desfile.
  • Hay a la par una exposición de calabazas y melones tallados a la que cualquier vecino puede llevar los suyos, una Casa das Ánimas y una merienda de otoño con bolas de azúcar y requeixo.
  • El momento más esperado llega a las puertas de la noche del 31 de octubre (aunque en ocasiones se traslada al fin de semana más cercano), cuando el pasarrúas de fantasmas sale del paseo y sube por el casco viejo con el alumbrado apagado.
  • La organización rememora cada año que el único disfraz propio de la fiesta es una sábana o ropa blanca, como mucho con la cara empolvada, y que las brujas y las máscaras de terror sobran.

El contexto

El desfile recorre un casco antiguo de calles estrechas y empinadas, con casas pequeñas de balcones de madera trabajada y galerías, entre las que todavía asoman restos de la muralla que rodeaba la villa. El río Condomiñas divide el pueblo en dos mitades unidas por dos puentes, y en la parte alta está la iglesia de Santa María do Mar, del siglo XV. De esa época conserva la capilla mayor y el sepulcro con la estatua yacente del caballero Alonso de Piñeiro, a lo que se añadieron en los siglos posteriores capillas laterales como la de la Virgen del Parto, la torre y la talla de la patrona, la Virgen del Mar.

Más abajo, en la Praza do Peixe, la Taberna Praza do Peixe sirve rape, pulpo y percebes, y es mejor reservar. La villa se abre al mar por la playa urbana de A Magdalena, con paseo marítimo y cerca de kilómetro y medio de arena fina y aguas tranquilas al fondo de la ría. Las rocas batidas por los temporales de esta costa dan uno de sus productos más codiciados.

Tanto, que la Taberna Bon Pé acoge el Campeonato Mundial del Percebe, cuya segunda edición se desarrolló en julio de 2026 con un jurado de cocineros con estrellas Michelin. Cada verano el pueblo le dedica igualmente la Festa do Percebe. Otro clásico local es el marraxo, un pequeño tiburón que se prepara a la plancha.

La nota completa

En el extremo de la ría, sobre Punta Sarridal, el castillo de la Concepción protege la entrada desde 1747. Tiene planta hexagonal irregular y muros almenados frente al mar, y en 1809 sirvió para rechazar un intento de desembarco francés durante la Guerra de la Independencia. Restaurado en los años 90, es uno de los mejores miradores sobre la ría y está junto al castro de Punta Sarridal, de la Edad del Hierro. A sus pies empieza la Ruta dos Peiraos, que discurre hasta San Andrés de Teixid o en una ruta de 15 kilómetros de dificultad media que se recorre en unas cinco horas. El itinerario rememora a los antiguos romeros, que subían a pie desde la villa por un camino cercano a la costa hasta que se inauguró la carretera, aunque a la par se puede seguir el Camiño Vello que sale del monasterio de San Martiño de Xuvia, en Narón, y suma unos 40 kilómetros. Los últimos 16 parten de Porto do.