Ver a la reina Letizia en un acto oficial con un vaquero bootcut, a Kate Middleton rescatando el tiro bajo de su época universitaria o recordar el icónico uniforme informal de Lady Di con sus Levi's de cintura alta nos parece lo más natural del mundo. Sin embargo, este tejido libró una auténtica batalla antes de colonizar los armarios reales. Durante buena parte del siglo XX, el pantalón femenino todavía estaba cargado de un profundo significado político y social: se asociaba al trabajo obrero, al deporte o a una actitud de abierto desafío.

Los datos duros del caso

  • En una corte real, donde la ropa funciona como lenguaje institucional, la falda y el vestido eran una norma inquebrantable.
  • La revolución, por supuesto, no ocurrió de la noche a la mañana.
  • La historia del pantalón femenino había empezado a cambiar mucho antes.
  • En el siglo XVIII, Isabel I de Rusia arribó a aparecer con pantalones militares y organizaba en la corte bailes de “metamorfosis” en los que hombres y mujeres intercambiaban vestimenta y roles.
  • En el XIX, los riding habits permitieron a las aristócratas europeas montar a horcajadas con pantalones ocultos bajo largas faldas.
  • Y en 1851 aparecieron los bloomers, aquellos pantalones amplios asociados a Amelia Bloomer y al movimiento de reforma del vestido femenino.

Para entender la historia

Pero una cosa era llevar pantalones por razones prácticas y otra muy distinta convertirlos en una prenda socialmente aceptada. El denim añadió otra capa de complejidad. Los primeros pantalones vaqueros modernos pertenecían al universo del trabajo: eran prendas resistentes, reforzadas con remaches de cobre y diseñadas para soportar el desgaste de mineros y trabajadores.

Jacob Davis y Levi Strauss patentaron en 1873 el sistema que convertiría aquellos pantalones de trabajo en un fenómeno mundial. Para las mujeres, la transformación fue todavía más lenta. Levi Strauss lanzó en 1934 las Lady Levi's, consideradas la primera línea de vaqueros fabricados específicamente para las muejres.

Hasta entonces, muchas mujeres que necesitaban denim recurrían directamente a pantalones masculinos. En los años cincuenta, figuras como James Dean convirtieron el vaquero en símbolo de juventud, rebeldía y una masculinidad deliberadamente inconformista. El pantalón que había nacido para trabajar empezaba a contar otra historia.

Elementos adicionales

Por eso resulta tan reveladora aquella fotografía de 1954 que todavía sorprende. La princesa Alexandra de Kent, prima de Isabel II, apareció jugando al tenis con vaqueros, camisa de cuadros y alpargatas en la portada de Picture Post. La imagen fue publicada el 21 de agosto de aquel año y Getty la conserva como una de las fotografías más reconocibles de la princesa. Alexandra no estaba inaugurando los pantalones femeninos, pero sí estaba haciendo algo importante dentro de la cultura visual de la monarquía británica: mostrar a una royal con una prenda asociada a la vida cotidiana y al trabajo en un contexto deportivo y relajado. En Mónaco, Grace Kelly fue pionera . La protagonista estadounidense ya había llegado al principado con una cultura de atuendo muy distinta a la de las cortes europeas tradicionales y existen numerosas fotografías suyas con pantalones y vaqueros durante su vida.