Lo dice en varias ocasiones en su nuevo libro, Volver a dormir bien es posible (Grijalbo), un ensayo en el que, de alguna manera, se desmitifica el sueño para conseguir dormir mejor. Suena a paradoja pero no lo es porque precisamente la obsesión actual que vivimos por controlar el descanso –y el miedo que tenemos a las consecuencias de su falta– nos hace entrar en un círculo vicioso que nos impide dormir. Por eso en su libro las recomendaciones son poco obvias.

Lo que se sabe hasta ahora

  • No hay capítulos dedicados, por ejemplo, al daño que no hace la luz azul antes de irnos a la cama ni a la importancia de evitar el café pasadas las dos de la tarde.
  • Se centra en cambiar creencias aprendidas para reprogramar el cerebro y calmar nuestra mente en esas noches en vela que parecen eternas.
  • Puede que por esa razón, desmienta de forma tajante el hecho de que dormir más es sinónimo de longevidad.
  • La relación entre la cantidad de sueño y la mortalidad no es como creemos.
  • Dormir siete horas es presumiblemente lo más adecuado, pero no vamos a alargar mucho la vida si conseguimos dar en esa diana de las siete horas.
  • Tanto si dormimos mucho más o mucho menos, nuestra longevidad no va a dar ningún vuelco.

En detalle

Prestigiosas publicaciones médicas como The Lancet o New England Journal of Medicine no han encontrado una evidencia clara de que el insomnio por sí mismo aumente el riesgo de enfermedad o muerte. A lo que sí puede afectar es a aspectos concretos como la vigilancia, la memoria y los tiempos de reacción, pero, generalmente, de manera leve”, adelanta para que de alguna manera le perdamos el miedo a las noches carentes de sueño reparador. La Dra. Brigitte Holzinger, especialista en medicina del sueño, explica qué ayuda después de una noche en vela, qué utilidad tienen las siestas y por qué es importante la regularidad La relación entre el sueño y las gafas oscuras Como afirma el experto, si.

Aunque igualmente comparte algunas estrategias para mejorar el sueño de las personas que ya duermen seis horas y quieren dormir ocho o tener un sueño más reparador. Y entre ellas se cuela una poco escuchada: no llevar constantemente gafas de sol cuando estamos en la calle. Aunque ya sabíamos que pasar tiempo expuestos a la luz natural es fundamental para regular nuestros ritmos circadianos y dormir mejor, el experto insiste en que esa luz natural igualmente tiene que llegar a nuestros ojos.

Para el cerebro, pasar el día en espacios interiores equivale casi a pasar el día en la oscuridad. Una baja exposición a la luz natural altera la secreción de melatonina (y igualmente el ritmo de la temperatura corporal), lo que puede agravar las dificultades del sueño. Esta es una de las razones por las que hasta el 90 por ciento de las personas ciegas experimentan trastornos del descanso.

La historia en profundidad

Por lo tanto, si queremos mejorar la calidad de nuestro sueño es preciso que todos los días paseemos, al menos una hora, a la luz del sol, dejando que la luminosidad entre por nuestras retinas. Y los fines de semana, dos horas diarias como mínimo. Y una última sugerencia: no llevar constantemente gafas de sol, ya que impide ese importante baño de luz que los seres humanos necesitamos. Y no sólo para regular el sueño sino para muchísimos otros equilibrios metabólicos. Hace ya muchos años que, cuando hago montañismo o estoy en la playa, me saco las gafas de sol durante al menos una hora. Y en la ciudad nunca llevo gafas oscuras. Prefiero ser menos refinado, pero tener un sueño reparador”, concluye. Dormir cuando no puedes dormir: El método comprobado para superar el insomnio, de Rafael Santandreu Un libro basado en psicología cognitiva que abordar los diferentes trastornos de sueño.