Studio Ghibli, que recibe el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026, te da la excusa perfecta para descubrirlo en siete películas y viajar por Japón sin levantarte del sofá. Entrar en Ghibli significa dejarse llevar por niñas que atraviesan túneles, brujas que vuelan en escoba, bosques poblados por dioses y trenes que avanzan sobre el agua. Y, curiosamente, quedarse por cosas mucho más sencillas como una tetera humeante, una bicicleta, una ventana abierta al verano o el sonido de la lluvia.
Los hechos principales
- Ahí está buena parte de su encanto.
- Sus personajes tienen miedo, se equivocan, pierden la confianza, se enamoran y vuelven a empezar.
- Crecer, en sus historias, consiste muchas veces en aprender a mirar y a escuchar.
- Mientras tanto, Japón se cuela en cada fotograma.
- Sus montañas, sus pueblos costeros, sus estaciones y sus baños termales se convierten en escenarios de un viaje que puede empezar en el sofá y terminar despertando las ganas de hacer la maleta.
- Si todavía no sabes por dónde empezar, aquí va una brújula.
Marco de la historia
No es un ranking académico ni tampoco una lista definitiva, porque con Ghibli las jerarquías siempre son un injustas, sino una puerta de entrada. Siete películas -todas ellas están disponibles en Netflix - para descubrir maneras diferentes de entender este universo y, de paso, empezar a dibujar un mapa viajero de Japón. Si solo vas a ver una película para entender el fenómeno Ghibli, que sea esta.
Chihiro tiene diez años, está enfadada porque sus padres se mudan y atraviesa un túnel que la lleva hasta un universo poblado por dioses, baños termales, contratos imposibles, espíritus y criaturas hambrientas. Lo que parece una aventura fantástica es, en realidad, una historia sobre crecer, perderse, transformarse y recordar quién eres cuando todo a tu alrededor intenta cambiarte. Y ese tren que avanza sobre el agua.
Es la mejor puerta de entrada para quien nunca ha visto Ghibli porque reúne casi todo lo que hace especial al estudio. Imaginación, humor, melancolía, naturaleza, comida, arquitectura, personajes femeninos poderosos y una historia que se puede disfrutar tanto con diez años como con cuarenta. El viaje real: aunque no existe un lugar único que sea el escenario, muchas rutas ghiblianas miran hacia Dogo Onsen, en Matsuyama, uno de los baños termales más antiguos de Japón.
Detalles adicionales
También hacia el ryokan de madera Sekizenkan en Gumna y el Museo Arquitectónico al Aire Libre de Edo-Tokio, en Koganei, donde la estructura parece esperar la llegada de un espíritu. Dos hermanas, una casa en el campo, un padre, una madre enferma y un bosque que está más vivo de lo que parece. Eso es, en apariencia, Mi vecino Totoro . Y a la par es una de las películas más conmovedoras de Ghibli. Aquí no hay una gran batalla final. No hay un villano al que derrotar. Ni una misión urgente que salvar. Hay un autobús con forma de gato, una parada bajo la lluvia, plantar semillas, dormirse escuchando el prado y dos niñas aprendiendo a convivir con la incertidumbre. Totoro es el personaje que mejor representa el espíritu del estudio por ser misterioso, tierno, enorme y completamente imposible de explicar.

