En su 40 conmemoración, ELLE, de la mano de IKEA han encuestado a 800 lectoras que nacieron con la revista para descubrir su día a día, sus miedos y sus prioridades. El resultado: un retrato de toda una generación. En octubre de 1986, cuando ELLE llegó por primera vez a los quioscos españoles, las mujeres que hoy tienen entre 35 y 45 años eran apenas niñas o ni siquiera habían nacido.

Lo esencial, en breve

  • Cuatro décadas después, mientras la revista celebra su 40 conmemoración, esas mismas (nacidas casi al mismo tiempo que ELLE España) se han convertido en el reflejo perfecto de todo lo que esta cabecera ha querido contar siempre: quiénes.
  • Por eso, para este número conmemoración, y tras sondear las inquietudes de cerca de 800 lectoras de esa franja de edad, hemos querido asomarnos a su cotidianidad, a sus prioridades y a sus contradicciones.
  • Una radiografía generacional que cuenta con el impulso de Ikea –que igualmente celebra su 30 conmemoración en España–, para demostrar que la revista y sus lectoras han cambiado a la vez, aprendiendo unas de otras.
  • En 1986, una española media tenía a su primer hijo a una edad muy distinta de la actual, según el INE.
  • La ley del divorcio contaba sólo con cinco años de vida y apenas 69.000 parejas se habían acogido a ella desde entonces.
  • Y 11 años antes, en 1975, una reforma legal había eliminado buena parte de las restricciones que pesaban sobre la capacidad jurídica de las mujeres casadas, incluida la llamada «licencia marital.

El contexto

Del mismo modo, si alguna de nuestras encuestadas hubiera querido llamar a su madre desde la calle aquel año, la conversación habría sido bastante más complicada que sacar el smartphone del bolso: la telefonía móvil había llegado a España en 1976, pero de una forma que hoy parece casi de ciencia ficción: el TAV (Teléfono Automático en Vehículos) era un dispositivo instalado en el coche, lejos todavía de convertirse en un objeto cotidiano que cabe en un bolsillo. En 40 años la sociedad, y las mujeres, hemos cambiado mucho: la edad media de la maternidad, por ejemplo, se sitúa en 32,6 años, frente al 28,5 de 1986; más de cuatro años de diferencia en una sola generación. Y en 2024, el 10,4%.

El 63% de nuestras encuestadas usa ya inteligencia artificial en el mismo dispositivo desde el que hacen la compra, reservan una mesa, hablan con sus amigas o piden una cita médica. Entre aquel teléfono instalado en un coche y la IA en el bolsillo se sitúa exactamente la generación a la que hemos preguntado: mujeres que han visto, en una sola vida adulta, desaparecer el fax y aparecer ChatGPT. Ese salto no es únicamente tecnológico. «Vivimos en un mundo complejo donde tenemos que protegernos de la dispersión de nuestra atención para sentirnos personas integradas», apunta Paloma Rosado, psicóloga humanista del Instituto de Interacción.

El perfil mayoritario de nuestras encuestadas está, en apariencia, bastante asentado: un 64% posee una vivienda en propiedad y un 71% tiene pareja. Pero la fotografía se vuelve mucho más interesante cuando se mira de cerca. Un 26% no tiene pareja, y entre quienes se han casado, sólo un 39% lo hizo entre los 25 y los 35 años (la horquilla que en 1986 seguía marcando buena parte de las expectativas sociales), mientras que un 28% no se ha casado nunca.

La nota completa

Y dentro de ese grupo, un 13% ha decidido explícitamente que no quiere hacerlo. En 1986, comprar una casa significaba, casi siempre, entrar en un modelo de vida bastante reconocible: salón, cocina, dormitorio principal y, si había suerte, una habitación para cada hijo. Hoy, ese 64% que ya cuenta con una vivienda en propiedad convive con formas de habitar mucho más variadas (solas, en pareja sin hijos, con hijos, compartiendo piso a los 40), y el propio concepto de hogar se ha ensanchado al mismo tiempo que lo hacía la idea de familia. No extraña que en este terreno baste cruzar los datos de la encuesta con la experiencia de Ikea, una marca presente en ocho de cada diez hogares españoles, para entender el nuevo mapa doméstico. Según su estudio Life at Home, que lleva años analizando nuestras casas desde la apertura de su tienda en 1996, la superficie media se ha encogido hasta los 78,8.

«Vivimos en un mundo complejo donde tenemos que protegernos de la dispersión de nuestra atención para sentirnos personas integradas»