Algunos niños pueden sentir miedo o preocupación, especialmente si ellos o alguien muy próximo utiliza habitualmente este medio de transporte; otros muchos, sentirán tristeza o incluso rabia, mientras que los más sensibles pueden manifestar verdadera angustia. Se lo hemos preguntado a Elvira Perejón, neuroeducadora, especialista en neuropsicología infanto-juvenil y bienestar digital, maestra de Infantil y Primaria, speaker, formadora y divulgadora en redes como @educacionincondicional. Ella nos indica qué tener en cuenta según la edad y el momento madurativo del niño, así como según su personalidad y su temperamento.

Claves de la historia

  • Ante la noticia y las imágenes en torno a ella, ¿qué emociones puede despertar en los niños?
  • Una tragedia así puede despertar miedo, tristeza e inseguridad, especialmente cuando los niños piensan que podría ocurrirles a ellos o a sus familiares.
  • El cerebro infantil todavía está desarrollando su capacidad para interpretar el peligro y comprender las probabilidades.
  • Por eso, escuchar varias noticias sobre accidentes puede hacerles percibir el riesgo como algo mucho más frecuente de lo que realmente es.
  • Pero debemos recordar algo fundamental: sentir miedo o tristeza no significa que un niño vaya a traumatizarse.
  • A veces, por temor a traumatizarlos, evitamos hablar o intentamos que dejen de sentir emociones desagradables.

De dónde viene la noticia

Sin embargo, nuestro objetivo no debe ser evitar que sientan miedo, sino acompañarlos cuando lo sienten. No necesitamos contarles todas las tragedias del mundo ni generarles preocupaciones que todavía no tienen. Pero, si preguntan, debemos responder con sinceridad, delicadeza y un lenguaje adaptado a su desarrollo.

Podemos comenzar con: "¿Qué has escuchado?, ¿qué es lo que te preocupa?". Si preguntan por la muerte, debemos evitar eufemismos como "se ha dormido para siempre" o "se ha ido de viaje" siendo preferible explicar con naturalidad la muerte. En niños neurodivergentes, puede ser necesario ofrecer explicaciones más concretas, mayor previsibilidad o más tiempo para procesar la información, siempre atendiendo a sus necesidades individuales.

Y algo esencial: los niños aprenden más de lo que ven en nosotros que del discurso que les damos. por esa razón nuestro ejemplo es fundamental. Desde la neuroeducación hablamos de corregulación emocional porque no necesitamos ocultar nuestra tristeza, sino mostrarles cómo podemos sentir, expresar y gestionar emociones difíciles sin trasladarles nuestra angustia. ¿Qué podemos contestar si nos preguntan "¿y si nos pasa a nosotros?"?

El desarrollo de la historia

Lo primero es validar su miedo sin alimentarlo. Evitemos frases como "no digas tonterías" o "eso jamás nos va a pasar". Podemos responder: "Entiendo que te dé miedo. Que haya ocurrido un accidente no significa que vaya a pasarnos a nosotros. Hay muchas medidas de seguridad y profesionales trabajando para protegernos". Después, debemos escuchar y acompañar sin exigir que se tranquilicen inmediatamente. Acompañar el miedo es ayudarles a sentirse seguros mientras aprenden a gestionarlo. Nuestro cerebro presta especial atención a las amenazas, pero que algo nos impacte mucho no significa que ocurra frecuentemente. Podemos explicarles: "Cada día viajan muchísimos trenes y la inmensa mayoría llegan a su destino sin accidentes.

«Nuestro objetivo no debe ser evitar que sientan miedo, sino acompañarlos cuando lo sienten»