La experta profundiza en el comportamiento de los niños tras un asalto y explica cómo la calma de los adultos resulta determinante para que no absorban la ansiedad del entorno. A través de sus pautas, nos muestra el camino para reaccionar con empatía ante sus miedos y ayudarles a recuperar, paso a paso, la confianza en su propio hogar. La casa suele ser el espacio seguro por excelencia para un niño.
Lo que se sabe hasta ahora
- La primera reacción suele ser el miedo, aunque no todos los niños lo expresan de la misma.
- Algunos lloran, hacen muchas preguntas o buscan constantemente a sus padres; otros pueden mostrarse más irritables, enfadarse por cosas que antes no les molestaban o parecer más sensibles de lo habitual.
- También puede aparecer tristeza o confusión, especialmente cuando no terminan de comprender qué ha ocurrido.
- Hay menores que reaccionan inmediatamente y otros que parecen estar bien al principio, pero empiezan a mostrar malestar cuando pasan unas horas o unos días.
- Considero que una reacción bastante habitual es la necesidad de comprobar que todo está bien.
- El niño puede preguntar una y otra vez si la puerta está cerrada, si los ladrones van a volver o si sus padres estarán en casa durante la noche.
En detalle
Basta con escuchar las conversaciones de los adultos, percibir su preocupación o notar que el ambiente familiar ha cambiado para que empiecen a experimentar inseguridad ¿Cómo cambia la manifestación del trauma según la etapa del desarrollo (un niño pequeño frente a un preadolescente o adolescente)? A veces los niños no expresan el miedo con palabras. ¿A qué señales de conducta (pesadillas, regresiones, somatizaciones, hipervigilancia) deben estar atentos los padres?
En ocasiones, los niños no dicen que tienen miedo, pero su comportamiento empieza a cambiar. Pueden despertarse varias veces durante la noche, tener pesadillas, pedir dormir con sus padres o mostrarse reacios a quedarse solos en una habitación. En los más pequeños, igualmente pueden aparecer regresiones, como volver a hacerse pis en la cama o necesitar ayuda para actividades que ya realizaban de forma autónoma.
Estas conductas pueden ser una manera de buscar protección cuando todavía no saben explicar con claridad qué les preocupa. ¿En qué momento el miedo o la tristeza iniciales dejan de ser una reacción adaptativa y pasan a convertirse en un trastorno de estrés postraumático (TEPT)? Después de una experiencia que nos asusta, es normal que durante un tiempo nos sintamos más vulnerables.
La historia en profundidad
En los niños puede traducirse en miedo, tristeza, dificultades para dormir o una mayor necesidad de estar cerca de sus padres Se habla mucho de la autorregulación de los padres. Los niños observan mucho más de lo que a veces pensamos. No solo escuchan lo que les decimos, sino que a la par perciben nuestro tono de voz, nuestros gestos y la forma en que reaccionamos ante lo que ha ocurrido. Si los padres están constantemente preocupados, hablan repetidamente de la posibilidad de que los ladrones vuelvan o transmiten una sensación continua de peligro, el niño puede interpretar que todavía no está a salvo. No significa que los adultos tengan la culpa de cómo se siente su hijo, sino que su manera de gestionar la situación puede influir en la interpretación que el menor hace de ella. Por eso, la autorregulación emocional es tan importante. No consiste en fingir que no ha pasado nada ni.
«Pueden despertarse varias veces durante la noche o tener pesadillas»

