Los conflictos puntuales forman parte del desarrollo natural. ¿Cuáles son los marcadores clave que deben alertar a los padres de que un cambio de comportamiento no es una etapa pasajera, sino un posible acoso? El dolor de tripa o de cabeza antes de ir al colegio es un clásico.
Los datos duros del caso
- Desde la psiquiatría, ¿qué ocurre en el cuerpo y la mente del menor para que el malestar emocional se traduzca de forma tan física y sistemática?
- Las emociones tienen un componente consciente, que nos permite identificar y expresar con palabras lo que sentimos, y un componente físico muy importante relacionado con la activación del sistema nervioso autónomo.
- Ante una situación que se percibe como amenaza o estrés se activa especialmente el sistema nervioso simpático, relacionado con las respuestas de huida, defensa o lucha.
- Los niños tienen menos desarrollada la capacidad de expresar verbalmente el componente vivencial de las emociones y, por esa razón, con más frecuencia el temor o la sensación de impotencia se canalizan a través del cuerpo.
- Dos zonas donde pueden manifestarse esas señales son el aparato digestivo y la musculatura de la cabeza y el cuello.
- La tensión muscular puede producir cefaleas, mientras que los cambios que provoca esa activación en el funcionamiento intestinal pueden generar dolor de tripa y otras sensaciones de malestar digestivo.
Para entender la historia
Una pista muy importante es la relación temporal entre el síntoma físico y la situación que genera temor: por ejemplo, que aparezca antes de ir al colegio y disminuya cuando desaparece esa amenaza. Y hay algo fundamental: son síntomas reales. Hablar de un componente psicosomático no significa que el niño esté inventando el dolor.
Significa que existe una expresión física cuyo origen está relacionado con los mecanismos cerebrales que regulan las emociones. Una pista muy importante es la relación temporal entre el síntoma físico y la situación que genera temor: por ejemplo, que aparezca antes de ir al colegio y disminuya cuando desaparece esa amenaza ¿Puede un niño estar sufriendo acoso y, aun así, seguir sacando buenas notas, jugando o aparentando normalidad en casa? El hecho de que un niño mantenga determinadas parcelas de su vida aparentemente normales no permite descartar que esté sufriendo.
Muchos menores realizan un enorme esfuerzo por ocultar lo que les ocurre porque sienten vergüenza, temen parecer débiles, no quieren preocupar o decepcionar a sus padres o tienen miedo de que contarlo provoque represalias. Por eso hay que fijarse igualmente en pequeñas "fisuras" en esa aparente normalidad. Puede llegar del colegio especialmente agotado o tenso y después relajarse de manera muy marcada al sentirse seguro en casa.
Elementos adicionales
Puede empezar a aislarse en su habitación, dejar de mencionar a determinados amigos o nombres que antes aparecían habitualmente en sus conversaciones, mostrarse excesivamente autocrítico o reaccionar con hipervigilancia o sobresalto ante determinados mensajes. El sufrimiento no siempre se presenta de una manera evidente. ¿Qué cambios en el sueño, el apetito, el humor o las ganas de ir al colegio pueden ponernos sobre aviso? Pueden aparecer dificultades para dormir, insomnio, pesadillas o terrores nocturnos, cambios en el apetito, tristeza, apatía, ansiedad y, muy especialmente, irritabilidad. También puede existir un rechazo creciente a acudir al colegio. Es importante observar cuándo aparecen o se intensifican estos cambios. El domingo por la noche, la mañana del lunes, los días posteriores a unas vacaciones o los momentos inmediatamente anteriores a volver al colegio pueden ser.
«Puede llegar del colegio agotado o tenso y después relajarse de manera muy marcada al sentirse seguro en casa»

