No podemos exigirnos una respuesta determinada ante una noticia tan dolorosa. La tristeza, el miedo, la angustia, la incredulidad o la sensación de vulnerabilidad pueden aparecer aún sin conocer personalmente a ninguna de las personas afectadas. La psiquiatra Ana Isabel Sanz García explica que una tragedia de estas dimensiones: "No solo despierta nuestra empatía, sino que también altera la sensación de seguridad con la que vivimos habitualmente.

Lo que se sabe hasta ahora

  • En la misma línea, la psicóloga Bárbara Tovar invita a rebajar la exigencia de tener que gestionar las emociones de una manera concreta.
  • No tenemos por qué 'gestionar bien' una noticia así", señala.
  • En los primeros momentos, añade, "es importante no tener demasiada prisa por dejar de sentir lo que estamos sintiendo.
  • Pilar Conde, psicóloga y directora técnica de Clínicas Origen, rememora que las reacciones ante una noticia traumática pueden ser muy diferentes.
  • Puede aparecer "bloqueo emocional, incredulidad, confusión, sensación de irrealidad , desconexión emocional o, por el contrario, llanto, angustia y agitación intensa.
  • Por eso, considera fundamental respetar los tiempos de cada persona: "Cada persona lo procesa.

En detalle

Mientras algunas sienten la necesidad de conocer más detalles, otras prefieren hablar de lo sucedido o reducir su exposición a la información. Cada persona tiene un ritmo y es importante que se respete tanto como lo que va necesitando y el ritmo ajeno", subraya. Sentirse mal ante las malas noticias no advierte necesariamente sobre un daño psicológico.

Sentir miedo, angustia o estar especialmente impactados después de conocer malas noticias como la del accidente del tren no significa que estemos desarrollando un trauma", advierte Tovar. Las reacciones pueden ser muy distintas de una persona a otra y no existe una respuesta emocional única que deba considerarse más o menos acertada en estas situaciones. La clave está en reconocer el malestar sin juzgarlo para atravesarlo.

La psiquiatra rememora que procesar las imágenes, las noticias y las emociones asociadas a lo sucedido supone "un importante esfuerzo mental y emocional". Por eso, recomienda no exigirnos el mismo rendimiento de siempre: "Se trata de mantener cierta normalidad sin obligarnos a funcionar como si nada hubiera ocurrido". Eso puede significar reducir las exigencias, dividir las tareas o hacerlas a otro ritmo.

La historia en profundidad

No es necesario recuperar de inmediato la normalidad de los días anteriores, pero tampoco abandonar por completo las actividades que estructuran nuestra vida. Continuar con esas actividades tampoco debe generar sentimientos de culpa. Podemos estar profundamente afectados por una noticia y, unas horas después, necesitar trabajar, hacer la cena, ver una serie, salir a dar un paseo o incluso reírnos. Las emociones no funcionan de una manera lineal", explica la psicóloga Bárbara Tovar. A veces, incluso, podemos preguntarnos cómo es posible seguir con nuestra vida mientras otras personas atraviesan una situación terrible. Pero, como rememora Tovar: "Seguir con nuestra vida no resta importancia al sufrimiento de los demás". En las horas posteriores a una mala noticia de la magnitud de la recién acontecida, es comprensible querer saber qué ha ocurrido, cómo ha sucedido y cuáles son las últimas.

«Las malas noticias pueden llegar a hacer que lo cotidiano pierda parte de su sentido»