Cortesía de la autora Con el otoño, ha llegado la tercera edición de Andar por andar (ENDEBATE), el ensayo de Adriana Herreros publicado en septiembre de 2025, en el que la autora reivindica el acto de pasear como una fuente de disfrute personal en sí misma, alejada de justificaciones productivistas. Vagabundear sin apremio, de forma abstraída, con recogimiento, al margen de las exigencias de la contemporaneidad”, escribe la logroñesa en el primero de una decena de capítulos en los que analiza distintas dimensiones del paseo, entre ellas, su potencial para inspirar la creación artística o su deriva más combativa. Sí, tengo justo pendientes dos garbeos felices para estas próximas semanas: uno cerquita, en mi ciudad, Madrid.
Puntos clave
- Un paseo exploratorio, con los cinco sentidos, a uno de los refugios de biodiversidad más importantes de la capital, las lagunas de Ambroz.
- Un espacio asombroso y bastante desconocido.
- Se trata de un humedal de 700 hectáreas en el distrito de San Blas-Canillejas, un pulmón verde al oeste de la ciudad, surgido tras un proceso de renaturalización de un antiguo yacimiento minero, y convertido ahora en un ecosistema.
- En ocasiones, deambular puede ser una forma de conectarnos con lo que nos rodea.
- La otra caminata celebratoria me llevará algo más lejos, a la capital italiana.
- Los tesoros romanos son infinitos pero son casi todos accesibles a pie.
Los antecedentes
Roma es, sin duda, una ciudad que invita a ser paseada. Incluso, hay un texto clásico dentro de la literatura del paseo, Promenades dans Rome de Stendhal, que incide en este hecho. Mi paseo ensimismado, abstraído, con deleite, por la ciudad será a los jardines de Villa Medici, en la colina del Pincio.
Portada de ‘Andar por andar’, un ensayo de Adriana Herreros. ENDEBATE En repetidas ocasiones apuntas a la curiosidad como uno de los motores principales del acto de pasear. ¿Dónde crees que queda hoy esa pulsión curiosa, tan opacada en ocasiones por las pantallas y otras comodidades técnicas?
Es uno de esos asuntos que me desasosiegan. En este contexto actual, como dices, tecnológico y acelerado, febril, incluso, vivir a ritmo lento, pausado y dejar espacio y tiempo para sentir curiosidad es complicado. Pero esa pulsión curiosa está ahí aunque esté aletargada.
Todo lo que se ha revelado
La curiosidad forma parte de la esencia del ser humano. Existe una inclinación innata, primigenia entre las personas por comprender, por profundizar, un deseo consubstancial que nos alienta a saber más, a explorar lo desconocido y sentir proximidad con lo que nos es ajeno. Pero en muchos momentos nos sentimos sobresaturados y esta propensión se adormece. El caminar, vagabundear, andar por andar, sin embargo, nos aligera de carga mental superflua y nos incita a la curiosidad perenne a la reflexión. Nos lleva a los mejores estadios. Como dice Rousseau en Emilio, o De la educación un paseo puede hacer maravillosas las horas porque “se parte cuando se quiere, se detiene uno a voluntad, se hace tanto ejercicio y tan poco como se desea. Se observa todo el país, se desvía uno a la derecha, a la izquierda, se examina todo lo que agrada, se detiene uno en todos los paisajes”. Vagar a tu antojo.
«se parte cuando se quiere, se detiene uno a voluntad, se hace tanto ejercicio y tan poco como se desea. Se observa todo el país, se desvía uno a la derecha, a la izquierda, se examina todo lo que agrada, se detiene uno en todos los paisajes»

