Un enclave en el que sus huéspedes –menos pintorescos en la realidad que en la ficción– disfrutan de los lujos de la costa, las comodidades y, por supuesto, las instalaciones del complejo en cuestión. Pues bien, si entendemos este concepto como un estilo de vida en sí mismo, no hay duda de que el nuevo Mandarin Oriental Punta Negra podría servir de localización para una nueva entrega de la saga. Y es que con un emplazamiento privilegiado –a unos 15 minutos de Palma pero perdido en medio de la naturaleza– y un concepto que fusiona la calidad exquisita que caracteriza a la cadena asiática con el entorno mallorquín, el último proyecto de Mandarín Oriental es un remanso de paz y lujo en el que perderse,.

Los datos duros del caso

  • Además de las dos piscinas que flanquean el recinto, el hotel cuenta con un SPA en el que la relajación es inevitable.
  • Así que nada mejor que comenzar nuestro retiro consultando el menú de opciones wellness.
  • Entre sus tratamientos estrella, el que propone combinar un paseo por la naturaleza para meditar y recuperar la conexión –interna y externa–, seguido de un masaje relajante a manos de una de sus expertas en bienestar.
  • Como guinda: unos largos en su piscina cubierta o cinco minutos de sauna seguidos de un chapuzón en su cold plunge, nos devolverán años de vida.
  • Y es que eso fue, precisamente, lo que nos propusimos a la hora de adentrarnos en el universo Punta Negra: descansar, rejuvenecer y conectar, ya no solo con la naturaleza, sino con nosotras mismas.
  • Pasar 48 horas en el complejo, dejando atrás el mundanal ruido.

Para entender la historia

Y si de cortar de raíz con los estreses de la urbe se trataba, nada mejor para continuar la aventura que un cóctel con vistas al mar en su siempre animado Leppoc, un espacio que sirve para empezar el día degustando uno de los desayunos a la carta con ingredientes locales –imprescindibles, cualquiera de los clásicos mallorquines–, pero a la par como rincón para deleitarse con las vistas a cualquier hora del día. Leppoc, pese a ello, no es ni mucho menos la única opción. La apuesta gastronómica del Mandarín Punta Negra es uno de sus platos fuertes y, entre el abanico de opciones que se ofertan se incluye a la par su rincón griego, Thalos, con una carta cargada de ingredientes mediterráneos.

Y es que una de las cadenas más célebres de Dani García cuenta aquí con su propia sede con todo lo que ello implica: carnes de las mejores calidades hechas a la leña, platos insignia como su aguacate a la brasa y, por supuesto, igualmente una carta de cócteles a la altura. Todo ello, maridado con un ambiente íntimo y elevado, perfecto para una noche especial. Pero esto no es todo, ya que hace apenas unas semanas, el complejo dio la bienvenida a Jacinta, su opción de comida mexicana, de la mano del grupo –que ya cuenta con Bakan en Madrid– y que ahora llega a la isla dispuesta a convertir su nuevo local en un destino gastro de culto.

Pero en realidad, para sacar el máximo brillo a la estancia, ni siquiera es necesario salir de la habitación. Y es que cada una de sus estancias – 131 en las que se incluyen 26 suites – está concebida como un espacio amplio, acogedor y con esa mezcla de sofisticación y calma que invita a deshacer la maleta sin ninguna prisa y a olvidarse del reloj durante un par de días. Aunque si lo que apetece es un chapuzón, nada mejor que cualquiera de las dos piscinas exteriores –una familiar y otra adults only –, situadas en distintos puntos del complejo.

Elementos adicionales

Cada una tiene su propio ambiente, pero ambas comparten algo que se agradece especialmente: esa sensación de poder pasar horas al sol, alternando un baño con un rato de lectura, sin sentir la necesidad de hacer absolutamente nada más. Y, a la postre, de eso se trata el auténtico lujo: de encontrar un lugar en el que descansar se convierta, por unos días, en el mejor plan posible. Habitaciones del Mandarin Oriental Punta Negra.