No temas, las corrientes de otoño-invierno 2026/2027 los mantienen unas semanas más jugando con el aval estilístico de personalidades como la gran Zoë Kravitz. La protagonista, que ha convertido el minimalismo de los años noventa en una de sus señas de identidad, acaba de deleitarnos con una nueva razón para prolongar la vida de esta prenda que, contra todo pronóstico, ha conseguido reconciliarnos con algunos de los recuerdos más cuestionables de nuestro armario adolescente. Y es que, en el fondo, estos pantalones tienen algo de sensatez.

Lo esencial, en breve

  • No son ni cortos ni largos, por tanto perfectos para cuando no hace ni mucho frío ni mucho calor.
  • Una especie de término medio estilístico que encuentra su mejor momento durante las semanas de entretiempo, cuando todavía podemos permitirnos enseñar unos centímetros de pierna sin recurrir a las medias.
  • Zoë Kravitz lo sabe y elegía unos capri en negro de silueta ajustada para pasear por Nueva York, demostrando que esta prenda igualmente puede funcionar cuando las hojas empiezan a cubrir las aceras y los abrigos recuperan su sitio.
  • Su secreto está en cómo los combinaba: con prendas sobrias, una paleta de colores contenida y un único elemento capaz de transformar por completo el conjunto, es decir, con una camisa cropped de estética dosmilera, un abrigo.
  • La protagonista apostaba por una combinación de prendas que podrían encontrarse perfectamente en el armario de una de nuestras referentes de estilo de la época de los noventa: una camisa negra de botones, unos pantalones capri del mismo.
  • La superposición de piezas, las líneas sencillas y la ausencia de elementos innecesarios le ayudaron a construir una silueta que encontraba su atractivo en la naturalidad.

El contexto

El abrigo, de corte sartorial y largo por debajo de la rodilla, introducía un punto de sensatez al estilismo acercándolo más a la forma de vestir para con las temperaturas actuales. La camisa, ligeramente abierta en la zona del escote, aportaba una dosis de desenfado, Pero fueron los zapatos los que terminaban de darle personalidad al estilismo. Zoë elegía unos salones de estampado de leopardo, con escote bajo y un tacón, que rompían con la sobriedad del conjunto sin perder su espíritu minimalista.

Un guiño al estampado animal que tanto protagonismo ha recuperado en las últimas temporadas y que aquí funciona como el detalle inesperado que convierte un uniforme aparentemente básico en un conjunto digno de analizar al milímetro. En cuanto a los accesorios, la intérprete optaba por unas gafas de sol negras de montura ovalada a las que sumaba un bolso negro de hombro de líneas depuradas. En el universo de Zoë Kravitz, incluso los accesorios más pequeños parecen elegidos con una intención muy concreta.

Sus joyas seguían esa misma línea en forma de pendientes de aro y un collar fino de perlas negras. Y su conjunto beauty, un recogido desenfadado y un maquillaje natural –o casi la ausencia de él– coronan el estilismo con el que queremos patear nuestros lugares de trabajo hasta que las temperaturas nos lo permitan. Sin duda, el último resquicio de un verano en el que las corrientes nos hicieron reconciliarnos definitivamente con el pasado a través de los pantalones que marcaron toda nuestra infancia.