A veces, simplemente pintando una estancia con una tonalidad bien elegida conseguimos transformarla por completo”, comparte. Y existe otro gesto al alcance de cualquiera: “Me sorprende la cantidad de veces que podemos mejorar una habitación simplemente cambiando la posición de algunos elementos de mobiliario”, añade Sigfrido, quien nos revelará los errores que hacen parecer barata una vivienda. El error que más abarata una casa, en opinión de Sigfrido, es no cuidar los detalles.

Lo esencial, en breve

  • Una idea que enlaza con la célebre sentencia de Mies van der Rohe: ‘Dios está en los detalles’.
  • Lo explica con una imagen muy gráfica el interiorista: “Puedes tener un sofá maravilloso, una lámpara de diseño y una mesa carísima, pero si no existe una relación entre ellos, y el espacio no está cuidado al detalle en sus formas.
  • También empobrece visualmente un espacio la falta de criterio, que se traduce en proporciones equivocadas, una iluminación mal resuelta, materiales que intentan aparentar lo que no son o una mezcla de elementos sin hilo conductor.
  • Frente a ello, Sigfrido respalda que una vivienda necesita un concepto y una historia detrás de cada decisión.
  • No se trata de cuánto cuesta lo que ponemos, sino de cómo lo ponemos y, sobre todo, por qué lo ponemos”, resume.
  • Hay viviendas en las que se ha invertido mucho dinero y, sin embargo, el resultado no transmite sofisticación ni sofisticación.

El contexto

Sigfrido lo ve con bastante frecuencia: se destinan cantidades enormes a materiales, mobiliario o elementos decorativos, pero se olvida construir una identidad propia para el espacio. ¡Un gran presupuesto no va ligado al buen gusto!”, sentencia. El problema lo ha tenido delante en más de una ocasión.

Me he encontrado con viviendas en las que todo quería ser protagonista. La piedra más espectacular, la lámpara más grande, el sofá más exclusivo, los revestimientos más llamativos... ¡Y claro, cuando todo quiere hablar al mismo tiempo, a la postre no escuchamos nada!”, relata.

En su estudio trabaja mucho las jerarquías visuales o ‘capas’: elementos de muchísimo carácter que conviven con otros que acompañan y permiten respirar al espacio. Así ocurre en este dormitorio, donde el foco recae en un cuadro de tamaño XXL del valenciano Manolo Valdés, una reinterpretación muy actual de Las Meninas despojadas de su solemnidad barroca, mientras la bañera exenta y la butaca quedan en un segundo plano. La sofisticación tiene mucho que ver con saber cuándo intervenir y cuándo no hacerlo”, subraya.

La nota completa

La línea que separa el lujo silencioso de la ostentación no tiene que ver con el presupuesto. Un interior refinado, explica Sigfrido, se reconoce por su equilibrio, su proporción y una buena selección de materiales, y no necesita estar lleno de piezas icónicas ni de acabados extraordinarios. De hecho, le encantan las viviendas que transmiten muchísimo con materiales sencillos utilizados de una manera inteligente. Creo que la vulgaridad aparece cuando intentamos aparentar algo que el espacio realmente no es”, mantiene, y la identifica con gestos como forzar materiales, exagerar determinados elementos o buscar impresionar de forma constante. Eso sí, aclara: “¡Esto no significa que tengamos que hacer casas discretas! A mí me encanta el color, los contrastes y las decisiones atrevidas”. Sigfrido se revela gran defensor de la honestidad de los materiales. Me gusta que una madera parezca.

«Un gran presupuesto no va ligado al buen gusto»