Es mucho más sencillo que todo eso. Buettner, escritor e investigador especializado en longevidad, en una entrevista hace unos años resumía así una de las características que había observado en las comunidades longevas que estudió: "la gente de las Zonas Azules no hace burpees ni yoga ni va a clases de CrossFit. Camina para hacer la compra, sale a tomar un café y pasea con sus amigos.
Lo esencial, en breve
- Es decir, ponen en valor el movimiento integrado de la vida cotidiana.
- Cuidado, esto no descalifica el entrenamiento físico, sino que simplemente pretende recordarnos que podemos hacer mucho más a través de nuestros hábitos más sencillos.
- Que mientras que nos pasamos la vida quejándonos porque "no tenemos tiempo", a veces sólo tenemos que practicar más un hábito básico: MOVERNOS.
- Mantenernos activos más allá de la hora que reservamos para hacer deporte.
- Buettner popularizó el concepto de Zonas Azules para referirse a determinadas comunidades en las que se ha observado una longevidad alta.
- Entre los lugares que ha estudiado se encuentran Okinawa, en Japón; la región de Barbagia, en Cerdeña o Icaria, en Grecia.
El contexto
Buettner identificó una serie de hábitos compartidos que, en su opinión, ayudan a explicar por qué algunas personas llegan a edades avanzadas manteniendo una buena calidad de vida. Entre ellos, una alimentación basada principalmente en vegetales, los vínculos sociales, el sentido de propósito y una actividad física que forma parte de las tareas habituales. Y no, el gimnasio no está entre ellas.
En estas comunidades, c aminar no siempre significa salir a hacer ejercicio como objetivo consciente. Puede ser el camino al mercado, ir a visitar a un familiar, el trabajo en el huerto o el paseo necesario para volver a casa desde cualquiera de estos lugares. Movimientos que se repiten a lo largo del día y que, acumulados, contribuyen a mantener el cuerpo activo.
Buettner precisó que los habitantes de estas regiones no suelen practicar ejercicio de manera deliberada, sino que se mantienen en movimiento mientras trabajan en sus jardines, se desplazan o realizan tareas cotidianas. Y la diferencia es que la actividad física deja de ser una obligación aislada para convertirse en una parte natural de la vida. En una parte para la que siempre se tiene tiempo.
La nota completa
No es una fórmula mágica ni aislada para lograr mayor longevidad, eso sí. Los patrones de vida que se observaron en estas zonas dependen de muchos otros factores y el resultado no es el de un sólo hábito, pero es curioso ver que ninguno de estos súper ancianos haya tenido al gimnasio entre sus prioridades diarias durante sus vidas. Caminar es una actividad accesible, adaptable y fácil de incorporar al día a día. No requiere equipamiento especializado ni una técnica compleja, y puede practicarse a diferentes ritmos según la edad, condición física y las circunstancias de cada persona. Cuando se realiza a una intensidad moderada, contribuye a mejorar la salud cardiovascular, ayuda a regular la glucosa y favorece el bienestar mental. La actividad física regular igualmente se asocia con un menor riesgo de desarrollar determinadas enfermedades crónicas. Y desde luego, pasear al aire libre es.
«La gente que más vive no está haciendo burpees, yoga ni Cross Fit. Está caminando»

