De entrada, no puedo decir que el abrigo rojo haya sido el más visto sobre las pasarelas en el transcurso de las semanas de la moda, pero sí afirmar rotundamente que su presencia se hizo notar —y mucho—. Neutros como el camel, el marino, el gris e incluso el crema son una base segura y versátil sobre la que construir un conjunto, pero el abrigo rojo es capaz de desplegar un magnetismo al que los demás ni se acercan, incluso apelando a una silueta clásica como es la del abrigo sastre. En la propuesta de Lanvin vimos, precisamente, un patrón de este estilo con una pequeña vuelta de tuerca: los hombros se sobredimensionan y redondean, mientras que el cierre permanece oculto.

Puntos clave

  • Sin embargo, conserva otras señas de identidad propias del patrón tradicional: los grandes cuellos de solapa y la confección en paño.
  • Bajo una pamela escultural que tampoco pasaba desapercibida, era imposible borrar de la retina este conjunto.
  • Vinculado siempre con la pasión, pero a la par con el peligro, el color rojo tiene mucho de audaz y de poderoso en cualquier estilismo.
  • Para contrarrestar su presencia saturada, firmas como Icicle y Hermès lo abordan desde una perspectiva minimalista a través de abrigos de tipo batín.
  • Este tipo de diseños se reconocen fácilmente por su cierre cruzado, sin botones, que se superpone en la parte frontal y se ajusta con la ayuda de un cinturón.
  • Personalmente, me gustan sus líneas suaves, sobre todo a la altura de los hombros, así como el corte oversize que suelen lucir.

Los antecedentes

Hablar de corrientes de abrigos este otoño-invierno, sea cual sea la paleta cromática, implica mencionar tres propuestas que cotizan al alza: abrigos capa, cuellos embudo y bufandas incorporadas. Sin duda, son las siluetas más potentes de la nueva temporada porque juegan con los volúmenes, las superposiciones y la propia arquitectura de la prenda. Si igualmente están teñidos de rojo, ya sea escarlata o cereza, no existe pieza de ropa más rotunda.

Basta con ver las propuestas de Simorra o Akris para comprobarlo. Para cerrar este paso por las pasarelas, no podía dejar de aludir a esos abrigos rojos que, a través de materiales o estampados, logran dar un giro al guion. El abrigo de lana rojo geranio de Chanel, con textura, adornado con trenzas y botones de laca de tipo joya, fue prueba de ello.

Lo mismo sucede con el abrigo largo y oversize de lana y alpaca de Chloé, que nos invita a abrazar tanto los flecos como el estampado de cuadros. El toque de rojo ha sido la herramienta de estilo que más se ha repetido en los últimos meses entre las prescriptoras de moda. Se conseguía a través de un sencillo jersey fino anudado sobre los hombros, una camiseta, un blazer o un accesorio.

Todo lo que se ha revelado

Pero, de cara al invierno, podemos recrearlo a través de una única prenda que lo hace TODO y sirve de carta de presentación al conjunto porque nada ocupa más espacio que un abrigo envolvente. Lo que sucede es que muchas veces lo usamos menos de lo que nos gustaría porque tememos no saber combinarlo bien con otros tonos y saturar el estilismo. Así que, para ayudarte en estas lides, he recopilado las cuatro fórmulas más sencillas que las expertas ponen en práctica. Cuando un abrigo rojo entra en la ecuación, todo el conjunto va a pivotar a su alrededor. La forma más simple de dejar que brille con luz propia es abogar por un total conjunto negro en el que las texturas juegan un papel importante. Una falda de cuero y un suéter pueden ser el contrapunto más cálido y enriquecedor para nuestro abrigo de paño. Por su intensidad, el abrigo rojo siempre parece tener un aspecto excelso y rotundo.

«Es mucho más positivo guardarse cosas para ti»