La zona periocular es la primera en envejecer y mostrar los signos de la edad. Ten en cuenta que “se pierde grasa y hueso a partir de los 30 años y eso se traduce en una mirada cansada. Además, la piel alrededor de los ojos es mucho más fina, tiene menos tejido de soporte, y está sometida continuamente al movimiento del músculo orbicular: parpadeamos, sonreímos, entrecerramos los ojos… Y cualquier pequeña variación se hace muy visible: una ligera deshidratación, congestión vascular, edema.

Lo que se sabe hasta ahora

  • Eso sí, la mirada no envejece de forma aislada.
  • Los cambios en el tercio medio, la pérdida de soporte, el descenso de los tejidos o una menor calidad de la piel pueden modificar la relación entre las diferentes estructuras y hacer que el rostro transmita una sensación de cansancio.
  • Por eso, antes de plantear un tratamiento, es fundamental entender qué está ocurriendo realmente en cada caso”, advierte Mara Mira, médico estético.
  • Amén de que no siempre que parecemos cansadas lo estamos realmente.
  • Nuestro cerebro interpreta determinadas sombras y proporciones del rostro como señales de cansancio, tristeza o envejecimiento.
  • Una ojera profunda crea una sombra bajo el ojo; si, asimismo, se pierde soporte en el pómulo, la transición entre el párpado inferior y la mejilla se hace más marcada.

En detalle

Y si sumamos una piel menos luminosa, cierta flacidez o líneas de expresión más evidentes, la percepción de cansancio aumenta”, detalla la doctora Vicente. Lo que sí es cierto es que “la zona periocular es de las primeras en reflejar los signos de cansancio: un contorno de ojos apagado, una ojera hundida y los cambios de volumen pueden generar una expresión cansada aunque no lo estés”, ratifica la doctora Mira. En cualquier caso, un tratamiento en esta zona no debe limitarse a ‘rellenar’ únicamente.

La mirada cansada no tiene una única causa y, por tanto, tampoco existe un único tratamiento. Puede ser necesario tratar la calidad de la piel, el soporte, el volumen, la firmeza o la dinámica muscular y combinar diferentes herramientas. La clave está en diagnosticar primero y tratar después, siempre con el objetivo de mejorar la expresión sin cambiar la identidad del rostro”, advierte la doctora Mira.

La ojera hundida se relaciona con una depresión en la transición entre la zona periocular y el tercio medio, que puede hacerse más evidente cuando existen cambios de volumen o de soporte. Esa depresión puede generar una sombra que acentúa la sensación de mirada cansada”, define la Dra. Mira. Puede estar presente incluso en personas jóvenes, por su anatomía, y hacerse más evidente con los años debido a los cambios en el hueso, los compartimentos grasos y/o los tejidos de soporte.

La historia en profundidad

En cualquier caso, un buen diagnóstico es fundamental porque no todas las ojeras son iguales. Cuando predomina la pérdida de volumen, podemos mejorar primero el soporte del tercio medio y, solo si es necesario, tratar directamente el surco con pequeñas cantidades de ácido hialurónico. En otros casos el tratamiento será de la piel, con láser o tratamientos despigmentantes. Y si existen bolsas importantes o exceso de piel, la mejor indicación puede ser quirúrgica”, aconseja la Dra. Vicente. Con el envejecimiento se producen cambios en los diferentes compartimentos de grasa y en las estructuras que proporcionan soporte al rostro. Cuando se pierde parte de ese soporte en el tercio medio, puede modificarse la transición entre la zona periocular y la mejilla, y hacerse más evidente el surco o la sombra bajo los ojos”, explica Mar Mira. Hay casos en los que recuperar el soporte del tercio.

«La mirada cansada no tiene una única causa y, por tanto, tampoco existe un único tratamiento»