Pero, ¿hasta qué punto la regulación emocional y los valores de un adulto son un reflejo directo de la educación recibida? Con la ayuda del psicólogo José Martín del Pliego (@josemartindelpliego), analizamos el peso de la herencia familiar en cómo educamos a las siguientes generaciones. Lionel Messi ha afirmado en alguna ocasión: “Soy como soy por lo que aprendí de chico”.
Los hechos principales
- Desde la psicología, ¿hasta qué punto la personalidad, los valores y la regulación emocional de un adulto son el reflejo directo de la educación recibida en los primeros años?
- Para mí, lo más importante es la capacidad que tienen papá y mamá —sobre todo las madres al principio— de regular el sistema nervioso del niño.
- En los tres primeros años, la capacidad de calmarse y de gestionar la respuesta emocional ante todo lo que ocurre alrededor depende precisamente de esa regulación externa.
- Y esto se aprende porque la madre lo hace al principio.
- Hay que tener en cuenta cómo afecta el estar regulado emocionalmente desde pequeño.
- Si no es así, a la postre terminas desarrollando defensas que acaban marcando tus rasgos de personalidad, precisamente en función de esas barreras que has ido adquiriendo con el paso de los años.
Marco de la historia
Y sobre todo ocurre porque no estás en calma, no estás regulado ni tranquilo. Entonces, tu forma de funcionar se vuelve defensiva: no actúas desde la calma ni desde la conexión contigo mismo, sino desde la supervivencia. Cuando somos hijos recibimos un estilo de crianza que constituye un paquete, una forma de funcionamiento que luego ponemos en marcha con nuestros propios hijos La infancia de Messi en los años 90 en Rosario (Argentina) poco tiene que ver con la de sus hijos hoy en día.
¿Cómo se equilibra el deseo de transmitir los mismos valores tradicionales con la necesidad de adaptar la crianza a las dinámicas del siglo XXI (tecnología, redes, otro entorno social)? Los valores lo que aportan es un espacio de seguridad. Hacen que sintamos que las cosas tienen que ser de una determinada manera y nos dan un continente, un marco de referencia en el que actuamos como corresponde hacia los demás.
Esto nos genera una respuesta emocional orientada precisamente en esa dirección. Si entre mis valores están el respeto, la responsabilidad, la honestidad, el esfuerzo y el cuidado hacia los demás, aunque mi entorno cambie o surjan problemas, mantendré ese esquema que me mantiene en un eje y me permite salir adelante, porque sé que es así como debo comportarme. Estos valores no caducan; aun con las diferencias sociales, son valores universales.
Detalles adicionales
Si las personas logran mantenerlos, se sienten más seguras a lo largo de toda su vida. Transmitir lo que recibimos implica a la par comprender el mundo en el que nuestros hijos tienen que aplicarlo. Por eso, entiendo que debemos estar conectados con la realidad y dar ejemplo poniendo en marcha esos mismos valores. Desde que son pequeños, los niños necesitan ver que nosotros a la par funcionamos dentro de ese marco de valores. Además, dice que enseña a sus hijos y los educa como lo hicieron con él sus padres. Aquí ocurre algo muy curioso: nos quedamos con una especie de paquete emocional de aquello que han hecho con nosotros. Muchas veces repetimos los mismos modelos porque se nos activan al convertirnos en padres. Cuando somos hijos recibimos un estilo de crianza que constituye un paquete, una forma de funcionamiento que luego ponemos en marcha con los nuestros. Salvo en las ocasiones.
«Muchas veces repetimos los mismos modelos porque se nos activan al convertirnos en padres»

