La valenciana y el gallego se conocieron hace nueve años en un concierto de la Sala Apolo y, desde entonces, no se han vuelto a separar. Fue precisamente en un viaje en coche desde Las Cuevas de Cañart hasta Galicia en el que Álvaro le pidió a Lucía que se casase con él. Se desvió y paró en un hotel en la Sierra de Matarraña.
Claves de la historia
- Yo pensaba que solo parábamos a hacer noche, desviando un poco el camino, pero lo cierto es que Álvaro ya lo tenía pensado desde hacía unos meses.
- Finalmente nos quedamos dos noches y, en la segunda, mientras tomábamos una copa de vino en la terraza de la habitación y charlábamos de la vida, me pidió que me casase con él con un anillo que él mismo había diseñado”, desvela la novia.
- La matrimonio se desarrolló el pasado 26 de septiembre y eligieron el lugar feliz de la novia como escenario: Las Cuevas de Cañart, el pueblo de sus abuelos, en los que pasaba el verano y acumula los mejores recuerdos.
- Lucía siempre ha querido casarse allí, y nos hacía mucha ilusión que nuestra familia y amigos conociesen este sitio tan especial”, explica Álvaro.
- La matrimonio tuvo lugar en diferentes puntos de Las Cuevas de Cañart.
- La velada, una misa con música baturra de Estampa baturra, tuvo lugar en la plaza de la Iglesia De San Pedro –ya que el edificio estaba en obras por riesgo de derrumbamiento–.
De dónde viene la noticia
El altar estaba compuesto por dos sillas antiguas de madera procedentes de la casa de Lucía y una mesita decorada con un mantel antiguo de la familia de Álvaro. Completando la composición, unos tótems con gerberas spider se presentaban a la par en vasijas familiares. La pareja caminó por las calles de Las Cuevas de Cañart hasta el enclave del cóctel: las ruinas del Convento de los Monjes Servitas, un espacio cargado de historia que, tras ser utilizado como hospital, quedó finalmente derruido durante las Guerras Carlistas, en 1840.
Fuimos caminando, tanto en el recorrido hasta el cóctel como a la cena nos acompañaron Los espontáneos, una charanga muy divertida, de forma que todo el mundo pudo disfrutar de los paisajes y rincones del pueblo”. En el convento, sonaba la la guitarra flamenca de Guillermo Fernández. Como telón de fondo había un telar pintado aquella misma mañana por Ane Adán y Diego Malcorra.
Después del cóctel, los invitados se trasladaron al campo de Antón, vecino del pueblo y amigo de la familia que les dejó su finca, donde tuvo lugar la cena y fiesta. La pareja confió en Octubre Studio para la planificación de su matrimonio. Partiendo del concepto de una festividad de pueblo, las wedding planners combinaron una estética moderna con un aire nostálgico.
El desarrollo de la historia
En la decoración se introdujeron elementos propios de la familia de la novia tales como sillas de madera y enea o vasijas de barro. La cena se organizó en torno a dos mesas imperiales, acompañadas de bancos completamente entelados en blanco y decoradas con una infinidad de velas. La iluminación ambiental creada en las calles colindantes del pueblo hizo que pareciese el escenario de una obra teatral”, explican los novios. Las flores fueron a la par cosa de Octubre Studio junto a Flores Mercuriales y Aire Aire Studio. Del diseño Gráfico se encargó de Eeynakee . Además de las minutas del cóctel y de la cena se diseñaron unas camisetas con la imagen creada de la matrimonio que los invitados lucieron a lo largo de los dos días en sus paseos por el pueblo”, comenta la pareja. Para la fotografía, Álvaro y Lucía contaron con Sergi Orovio y Anna Izquierdo, mientras que del vídeo se ocupó Laguna.
