El auge de la proteína tiene una explicación científica: estamos en un momento en el que nos preocupa mucho preservar la masa muscular, especialmente durante el envejecimiento y a la par en personas que utilizan fármacos para perder peso. Pero creo que hemos cometido el riesgo de convertir un nutriente importante en el protagonista absoluto de la alimentación. Una persona no vive solamente de músculo.

Lo esencial, en breve

  • También tiene un intestino, una microbiota, un sistema cardiovascular y un metabolismo que necesitan otros componentes de la diet.
  • Y ahí la fibra, por ejemplo, es la gran olvidada”, explica a esta cabecera Mireia Cabrera, dietista y nutricionista especializada en aparato digestivo.
  • De hecho, en el estudio citado anteriormente se insistía en que una dieta con elevado contenido de fibra vegetal y de carbohidratos complejos “protegía contra numerosas enfermedades propias de los países occidentales como el cáncer.
  • Y que si bien el boom de los productos dietéticos enriquecidos con fibra que hubo en los 2000 podría suplir de alguna manera esta falta, “lo correcto es que el aporte recomendado de fibra dietética sea a través de la ingesta habitual.
  • La igualmente nutricionista y especialista en conducta alimentaria Gabriela Uriarte tiene una reflexión muy interesante sobre cómo la obsesión por la proteína ha podido llevar al detrimento de consumo de fibra en relación con el nicho.
  • Todo esto refleja la visión que tenemos de la salud y nutrición, desde una perspectiva superproduccionista.

El contexto

Llevamos años hablando de proteína porque a nivel social hemos interiorizado que para que una dieta sea saludable lo más importante es que llegue al requerimiento de proteína establecido, y el mercado ha visto ese nicho de negocio y ha lanzado formatos enriquecidos con proteína. Cuando entramos en una competición en la que predomina la idea de cuál es el nutriente que nos va a salvar la alimentación no estamos haciendo una buena divulgación. La gente se confunde y esa situación acaba siendo beneficiosa para que la industria lance productos que identificamos como buenos”, reflexiona.

Y suma otro motivo más (anclado al imaginario de mitos en torno a la alimentación) que igualmente ha propiciado esta situación: “La carbofobia , tan instalada en la conversación, también tiene parte de culpa porque normalmente los alimentos ricos en fibra son alimentos ricos en carbohidratos”, reflexiona. Como hemos venido a hablar de la fibra, conviene saber que sus beneficios no se reducen solo al ámbito intestinal, algo bastante establecido en el conocimiento colectivo. Gabriela Uriarte habla de la participación de este nutriente en los procesos glucémicos de resistencia a la insulina, lo que contribuye, por tanto, a reducir los reconocidos picos de azúcar en sangre y, en consecuencia.

Además, más allá de los beneficios intestinales, la fibra puede influir en la expresión de determinados mecanismos inmunitarios. Los ácidos grasos de cadena corta producidos a partir de la fermentación de fibra interactúan con receptores presentes en células intestinales e inmunitarias. En estudios recientes se han encontrado asociaciones entre mayor consumo de fibra y menor riesgo de múltiples enfermedades crónicas.

La nota completa

La evidencia más consistente se encontró para mortalidad cardiovascular, enfermedad diverticular y cáncer pancreático, mientras que igualmente hubo evidencia sugestiva para mortalidad por cualquier causa y enfermedad cardiovascular”, apunta Mireia Cárdenas. En esta revisión de ideas asociada a su consumo, durante años se ha vinculado su ingesta con diversos problemas digestivos, en algunos casos. Una idea que se da la mano con otra, a la par errónea: confundir inflamación con hinchazón abdominal. Es cierto que la fibra, tal y como apunta Uriarte, “ puede provocar gases e hinchazón por el proceso de fermentación, sobre todo en personas que la introducen de forma abrupta en su dieta ”. Pero que se produzca hinchazón no significa que produzca inflamación. De hecho, muchas veces el objetivo cuando sucede esto no es eliminar fibra, sino encontrar qué tipo, en que cantidad y a qué ritmo.

«puede provocar gases e hinchazón por el proceso de fermentación, sobre todo en personas que la introducen de forma abrupta en su dieta»