A los 81 años, Cristina Fernández Cubas, autora de Mi hermana Elba (Tusquets) acaba de recibir el gran reconocimiento de las letras en español. Pero detrás del Cervantes hay una vida llena de historias, algunas tan curiosas como las que escribe: un manuscrito que viajó a escondidas, un portero que se fumaba las cartas y dos trenes perdidos por culpa de un cuento. Una buena manera de empezar a conocerla.
Lo que se sabe hasta ahora
- El reconocimiento, anunciado por el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, está dotado con 125.000 euros y se entregará el 23 de abril de 2027 en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá.
- Desde 1976, el Cervantes ha distinguido a grandes voces de ambos lados del Atlántico.
- Fernández Cubas se convierte en la séptima mujer en recibirlo, después de autoras como María Zambrano, Ana María Matute o Elena Poniatowska.
- Y lo hace con una particularidad que a ella le importa tanto como la noticia: ha llegado hasta aquí, sobre todo, escribiendo cuentos.
- No es un detalle menor; es una de las razones por las que este Cervantes resulta especial.
- Al conocer la noticia precisó que le hacía especial ilusión el reconocimiento a su trabajo como cuentista.
En detalle
Lo interpretó a la par como un reconocimiento para quienes han defendido el género. Es una reivindicación con historia, y igualmente una pequeña victoria para los lectores que prefieren quedarse pensando en diez páginas antes que apresurarse a terminar trescientas. Cuando difundió su primer libro, en 1980, los relatos se vendían como una rareza y no faltaba quien preguntara, con la mejor intención, cuándo iba a dar el salto 'de verdad' a la novela.
Ella no tenía ninguna prisa por darlo. TELVA presenta '27 relatos de autor' con ilustraciones de Jacobo Pérez-Enciso Un manuscrito, una carta y un portero muy poco fiable A finales de los setenta, Fernández Cubas había terminado Mi hermana Elba. Lo había ofrecido a varias editoriales y había encontrado una respuesta frustrante: las historias gustaban, pero los cuentos, le decían, tenían escasa salida comercial.
Ella soñaba con publicarlo en Tusquets, la editorial de Beatriz de Moura. Un amigo, pese a ello, le afirmó que la casa tenía cerrada su programación para los cinco años siguientes. Así que renunció antes de intentarlo.
La historia en profundidad
Mi hermana Elba (Tusquets) salió en 1980, cuando ella tenía 35 años, y fue muy bien recibido. La editora acertó en su apuesta. Desde entonces, Fernández Cubas ha mantenido una relación muy poco aparatosa con el triunfo: escribe lo que quiere, cuando tiene una historia que de verdad le interesa. No parece muy dispuesta a forzar un libro para cumplir con la agenda editorial. Y quizá ahí resida parte de su encanto: le gusta la literatura, pero a la par la vida que sucede fuera del escritorio. Ni siquiera el Cervantes ha cambiado el rasgo más llamativo de su trayectoria: durante décadas ha dejado que sean los cuentos, no la prisa, los que marquen el ritmo. Mucho después de aquel debut, en 2010, un periodista llamado F. Sancho Más quedó con ella en una cafetería de Barcelona. Antes de hacerle la primera pregunta tenía algo que reprocharle.

