celebridades

Necesitas ver Toy Story 5 para volver a sentirte niño

Redacción Glamour & Estilo · 23 de junio de 2026 · 6 min lectura
Necesitas ver Toy Story 5 para volver a sentirte niño

Hay películas que llegan en el momento exacto. No porque el calendario lo diga, sino porque algo en nosotros las necesita. Toy Story 5, que se estrenó en cines el 19 de junio de 2026, es una de esas películas.

Treinta y un años después de que Woody y Buzz Lightyear aparecieran por primera vez en nuestras vidas, Pixar vuelve a hacer lo que mejor sabe: recordarnos que crecer no significa dejar de sentir. Pero esta vez la historia pega distinto porque el enemigo ya no es otro juguete, ni una mudanza, ni el miedo a terminar guardado en una caja. Ahora el gran rival es algo que todos conocemos demasiado bien: la pantalla.

Toy Story 5 no habla solo de juguetes. Habla de la atención, la infancia, nostalgia y de ese momento en el que nos damos cuenta de que tal vez dejamos de jugar antes de tiempo. Una película sobre juguetes que en realidad habla de nosotros En esta nueva entrega, los juguetes vuelven a enfrentarse a una pregunta que ha estado presente desde la primera película: ¿qué pasa cuando ya no te necesitan igual que antes?

Solo que ahora la amenaza no es otro juguete más nuevo o más padre, sino que es la tecnología. Ese mundo digital que entretiene, distrae y captura tu atención en cuestión de segundos. Y ahí está una de las enseñanzas más bonitas de toda la película.

No todo lo nuevo es malo, pero no todo lo nuevo puede reemplazar lo que nos hace humanos. Una pantalla te puede divertir, acompañar y resolver el aburrimiento de inmediato. Pero no puede sustituir la imaginación de inventar una historia con dos muñecos, una cobija y una sala convertida en castillo.

No puede reemplazar la emoción de jugar sin instrucciones, y lo más importante, nunca podrá reemplazar la relación entre humanos. Toy Story 5 nos recuerda que jugar no se trataba de perder el tiempo, era estar presentes, crear mundos antes de que el mundo real nos pidiera pendientes, productividad y respuestas inmediatas. La infancia no se pierde, se guarda La atención también es una forma de amor Una de las razones por las que Toy Story sigue funcionando después de tantos años es porque nunca nos habla como si fuéramos niños.

Nos habla como si los niños entendieran cosas que los adultos olvidamos. La nostalgia en esta película no se siente como un truco para hacernos llorar. Se siente como una memoria emocional.

Como si Pixar supiera exactamente dónde tocar para recordarnos que alguna vez fuimos personas que podían pasar horas jugando sin pensar en cómo se veían, sin compararse con nadie y sin sentir que cada momento tenía que servir para algo. Y tal vez esa es otra enseñanza muy importante. Crecer no debería significar abandonar por completo a la persona que fuimos.

La infancia nunca desaparece. Solamente se guarda en cajas, canciones, olores, películas que nos sabemos de memoria y objetos que para alguien más no significan nada, pero para nosotros son una versión entera de nuestra vida. Por eso un juguete viejo puede doler más que una foto.

Porque no solo representa lo que teníamos. Representa cómo éramos cuando todavía creíamos que todo podía inventarse. Si algo deja claro Toy Story 5 es que todos queremos ser elegidos.

Los juguetes quieren que Bonnie juegue con ellos, claro, pero debajo de eso hay algo mucho más humano, todos queremos sentir que todavía importamos. Y eso no aplica solo para los juguetes. Aplica para las amistades que descuidamos, para los papás que vemos cada vez menos, para los hermanos con los que ya casi no hablamos y para las personas que damos por sentadas porque “ahí están”.

También aplica para nosotros mismos. Vivimos en una época en la que la atención está partida en mil pedazos. Contestamos mensajes mientras vemos una serie.

Vemos una película mientras revisamos Instagram. Estamos con alguien, pero no del todo. La película nos pone enfrente una verdad muy simple y profunda.

Prestar atención es una forma de querer. Mirar a alguien sin estar pensando en otra cosa también es una forma de amor. Estar presente, realmente presente, se ha vuelto uno de los gestos más raros y más valiosos.

No todo lo que cambia significa que algo se termina El aburrimiento también era magia Otro de los mensajes más bonitos de la película es que cambiar no siempre significa perder. A veces significa encontrar una nueva forma de quedarse. Woody, Buzz, Jessie y el resto de los juguetes han pasado toda la saga enfrentándose a despedidas, reemplazos y nuevas etapas.

Y aun así, siguen ahí. No intactos, porque nadie llega intacto a la vida adulta, pero sí transformados. Eso es muy Toy Story, enseñarte una lección enorme con algo aparentemente pequeño.

Porque la vida también funciona así. Cambiamos de casa, de amigos, prioridades y también de sueños. Hay versiones de nosotros que se quedan atrás, no porque hayan dejado de importar, sino porque cumplieron su misión.

La película nos recuerda que no tenemos que aferrarnos a todo para siempre, pero tampoco tenemos que olvidar lo que nos formó. Hay cosas que se van y aún así se quedan. Una de las cosas más lindas que deja Toy Story 5 es la reivindicación del aburrimiento.

Ese espacio raro que antes nos obligaba a inventar algo, sacar juguetes, dibujar, disfrazarnos o convertir una caja en nave espacial o una tarde cualquiera en aventura. Hoy el aburrimiento casi no dura. Apenas aparece, lo tapamos con una pantalla.

Y la película, sin reclamarnos, simplemente nos recuerda que muchas de las mejores cosas de la infancia nacían justo ahí: cuando no había nada que hacer y, por lo mismo, podíamos hacerlo todo. La imaginación necesita espacio. Necesita silencio.

Necesita que no todo esté resuelto de inmediato. Quizá por eso esta película se siente tan fuerte, porque no solo habla de recuperar los juguetes, sino de recuperar la capacidad de imaginar y de sentir como antes. Por qué seguimos necesitando estas películas El nudo en la garganta, de nuevo Toy Story 5 tuvo uno de los estrenos más fuertes del año, pero más allá de la taquilla, lo interesante es lo que eso dice de nosotros.

Millones de personas fueron al cine a ver una película de juguetes, pero también a buscar una emoción que cada vez se siente más lejana, la ternura. Porque eso también hace Pixar. Nos devuelve la ternura sin hacernos sentir ridículos por necesitarla.

Nos permite llorar por un muñeco, emocionarnos con una frase y salir del cine pensando en nuestra infancia como si fuera un lugar al que todavía podemos volver por un rato. La infancia, en la memoria, siempre huele a algo seguro, casa, tardes largas y a jugar sin pensar en el tiempo. Y muy importante, a creer que nuestros juguetes tenían vida cuando cerrábamos la puerta.

Saldrás del cine con esa mezcla rara que solo Pixar sabe provocar, te hace sentir feliz y triste al mismo tiempo. Con ganas de llamar a alguien que no hablas hace mucho, de buscar en el fondo de una caja ese juguete que creías olvidado o de acordarte de cómo eras antes de que la vida se volviera un calendario, pendientes y notificaciones. Y quizá esa sea la enseñanza más especial de todas: no hemos olvidado a ese niño que fuimos, solo lo dejamos esperando.

Toy Story 5 nos recuerda que crecer no significa dejar de jugar, dejar de imaginar o dejar de emocionarnos con las cosas simples. Significa aprender a volver a ellas cuando el mundo se pone demasiado caótico. Porque sí, todos queremos volver a sentirnos niños.

No para escapar de la vida adulta, sino para poder recordar cómo se sentía mirar el mundo con asombro. ]]>

Información reportada originalmente por Quién. Leer la nota completa en la fuente original.

celebridades