Maternidad real: lo que nadie te dice de ser mamá

Con la certeza de que hay algo que necesita ser dicho, aunque no siempre sea fácil ponerlo en palabras. Con Gabriela, esa conversación gira alrededor de la maternidad… pero no desde lo ideal, sino desde lo real.
No fue en el parto. Fue después, cuando llegué a casa con Valentina. Durante el embarazo sabía que existía una etiqueta que decía “mamá”, pero no la dimensionas hasta que estás ahí, con una recién nacida que depende completamente de ti y donde todo empieza a girar a su alrededor. Intenté volver a mi vida “normal” y entendí que esa normalidad ya no existía. No se trataba de acomodar a alguien más en mi rutina, sino de reconstruirla por completo. “No sumé una nueva vida a la mía: tuve que reconstruir la mía desde cero.”
Es una montaña rusa constante. Hay un amor inmenso, pero también cansancio extremo, falta de sueño y cambios hormonales . Puedes sentirte agradecida y, al mismo tiempo, abrumada. Amar ser mamá no cancela la necesidad de espacio, y entender eso ha sido clave: el amor no borra el cansancio, aprenden a coexistir. En lo profesional, todo se replantea. Tu ritmo, tus prioridades, tu futuro. No es que deje de importar, pero cambia completamente la forma en la que lo vives. “ Ser mamá no borra tu ambición , pero sí te obliga a replantear cómo se ve.”
Poco, pero de a poco. Antes pensaba que necesitaba mucho tiempo para mí; ahora entiendo que también puedo volver en fragmentos. Diez minutos más en la regadera, ponerme algo que me gusta o sentarme en silencio. No es como antes, pero sigue siendo mío.
Saber que tengo una compañera de vida. Pensar en todo lo que vamos a vivir juntas, en verla crecer, hablar, entender el mundo. Hay algo muy poderoso en saber que alguien va a caminar contigo y transformar tu vida para siempre.
Todavía no lo siento completamente mío. Lo sigo asociando con mi mamá, con mi abuela. Más que celebrarlo, lo veo como un momento para reconocer. Ser mamá no es algo de un día, es algo que pasa todos los días. Hoy más que nunca necesitamos hablar de lo real: de las que tienen apoyo y de las que no, de las que se sienten seguras y de las que siguen encontrándose.
Este 10 de mayo no es un recordatorio de perfección. Es una pausa para mirar distinto, para reconocer todo lo que implica maternar: lo visible y lo invisible, lo que se sostiene en silencio y lo que transforma cada día. A todas, sin importar desde dónde lo estén viviendo.
Información reportada originalmente por Glamour México. Leer la nota completa en la fuente original.
