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El soft serve dejó de ser un postre infantil y llegó a los restaurantes más cool

Redacción Glamour & Estilo · 27 de agosto de 2026 · 3 min lectura
El soft serve dejó de ser un postre infantil y llegó a los restaurantes más cool

Hay postres que buscan enseñar su sofisticación desde que llegan a la mesa. El soft serve hace exactamente lo contrario. Se presenta en una copa sencilla, conserva su característica en forma de espiral y, a primera vista, podría confundirse con aquel helado que pedíamos de niños.

La diferencia está en todo lo que lo acompaña. Durante años estuvo relacionado con parques, máquinas de autoservicio y menús para niños. Ahora aparece después de una pasta hecha en casa, una hamburguesa de wagyu o una cena de varios tiempos.

Los chefs lo están preparando con sabores de temporada, ingredientes inesperados y toppings que lo convierten en algo mucho más interesante que el clásico cono de vainilla. La nostalgia también puede ser sofisticada Parte de su éxito está en que no necesita demasiadas explicaciones. Es un postre familiar, cremoso y divertido, pero también funciona como una base en blanco para experimentar.

Puede servirse con aceite de oliva y sal de mar, combinarse con frutas de temporada o transformarse con sabores como matcha, pistache, maíz o arroz con leche. En Nueva York, algunos de los restaurantes más comentados han comenzado a incluirlo en sus cartas. Cote sirve una versión de vainilla con caramelo de soya, Leo cambia los sabores según la temporada y los termina con aceite de oliva y sal, mientras que La Tête D’Or presenta el suyo con una selección de toppings para armar cada cucharada al gusto.

La combinación que hacen tiene sentido, después de una comida llenadora, pocas cosas se sienten tan adecuadas como un postre frío con textura ligera. Además también ofrece un contraste entre lo sofisticado y lo cotidiano que define a muchos de los lugares más cool del momento. No busca ser demasiado serio, pero tampoco es aburrido.

El nuevo cierre favorito de la CDMX La tendencia ya llegó a la Ciudad de México, donde distintos restaurantes han comenzado a darle su propia personalidad. En Oly, en la Condesa, el soft serve de arroz con leche se convirtió en una de las estrellas del menú. Su sabor recupera uno de los postres más tradicionales y lo presenta de una manera fresca, cremosa y mucho más contemporánea.

Mantequilla Social Club, en Lomas de Chapultepec, propone una experiencia mucho más única. El plan es cerrar con su soft serve y guardar algunas papas a la francesa para meterlas en el helado. La mezcla de dulce, salado, frío y crujiente suena extraña hasta que la pruebas.

En Rufus, un restaurante italiano contemporáneo de la Roma Norte, la versión de pistache acompaña un menú de focaccias, pastas y platos pensados para compartir. Es simple, cremoso y lo suficientemente especial para convertirse en la última razón para pedir “algo más” antes de irte. Otra opción es Rosetta, donde el sabor es muy especial.

Decidieron hacerlo completamente y servirte el helado dentro de un croissant lo que hace que sea único y especial. Un postre que no intenta demasiado El verdadero encanto del soft serve está en que conserva algo espontáneo. Aunque ahora se prepare con ingredientes más elaborados y aparezca en los restaurantes más buscados, sigue llegando a la mesa con la misma forma que recordamos de cuando eramos pequeños.

Quizá por eso se convirtió en el postre perfecto para este momento. En una escena gastronómica llena de platos demasiado pensados, el soft serve demuestra que algo puede sentirse cool sin perder la diversión. Es nostalgia servida en espiral, solo que ahora viene con aceite de oliva, pistache o una orden de papas al lado. ]]>

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