La industria del lujo no quedó exenta de polémica este año, cuando varias firmas icónicas enfrentaron acusaciones de apropiación cultural en sus colecciones.
Un caso destacado fue el de una marca italiana que lanzó un par de sandalias en un importante desfile europeo, cuya estética era claramente inspirada en artesanías tradicionales de una región asiática, sin dar crédito ni beneficio a las comunidades originales.
El debate se encendió rápidamente en plataformas globales, con diseñadores independientes y activistas llamando a la marca a asumir responsabilidades éticas.
La casa de moda respondió con acciones que incluyeron socios locales y compromisos formales para colaborar con artesanos, un gesto que fue recibido como necesario, pero también criticado por muchos como tardío.
Este episodio ha generado conversaciones profundas sobre la línea entre inspiración y explotación en el mundo de la moda, especialmente cuando la historia y la identidad cultural están en juego.
Además de las sandalias, otras piezas de lujo similares provocaron debates sobre si ciertas marcas realmente entienden el patrimonio que dicen celebrar.
En pasarelas recientes, diseñadores emergentes han aprovechado este impulso para destacar modos de producción más éticos y respetuosos.
La moda contemporánea parece estar en un punto de inflexión: los consumidores ya no aceptan explicaciones vacías, exigiendo autenticidad y responsabilidad social de las firmas más poderosas.









